Una casa de granadas (Oscar Wilde) - pág.7
Indice General
|
Volver
Página 7 de 79
El patrón de la galera la lanzó sobre la borda, sujetando los extremos a dos puntales de hierro. Entonces los negros cogieron al más joven de los esclavos, le arrancaron los grilletes y le llenaron de cera los orificios de la nariz y de los oídos, y le ataron una gran piedra alrededor de la cintura. Se arrastró pesadamente escaleras abajo y desapareció en el mar. Subieron unas burbujas donde él se había sumergido. Algunos de los otros esclavos miraron con curiosidad por encima de la borda. En la proa de la galera estaba sentado un encantador de tiburones batiendo monótonamente un tambor.
Pasado un tiempo, el buceador salió del agua y se abrazó jadeante a la escala; llevaba una perla en la mano derecha. Los negros se la cogieron y volvieron a lanzarle al agua. Los esclavos se quedaron dormidos sobre sus remos.
Una y otra vez subió, y llevaba consigo cada vez una bella perla. El patrón de la galera las pesaba y las metía en una pequeña bolsa de cuero verde.
El joven rey intentó hablar, pero parecía que se le pegaba la lengua al paladar, y sus labios se negaban a moverse. Los negros charlaban unos con otros, y empezaron a pelearse por una hilera de cuentas brillantes. Dos grullas volaban dando vueltas y más vueltas alrededor del navío.
Luego, el buceador emergió por última vez, y la perla que llevaba consigo era más hermosa que todas las perlas de Ormuz, pues tenía una forma semejante a la luna llena y era más blanca que el lucero del alba. Pero su rostro estaba extrañamente pálido, y cuando cayó en cubierta le manó sangre de los oídos y de la nariz; se estremeció durante un momento, y luego se quedó inmóvil. Los negros se encogieron de hombros y arrojaron el cuerpo por encima de la borda.
Y el patrón de la galera se reía, y alargando la mano cogió la perla, y cuando la vio la apretó contra su frente e inclinó la cabeza.
-Será -dijo- para el cetro del joven rey.
E hizo señas a los negros de que levaran anclas.
Y cuando el joven rey oyó esto lanzó un fuerte grito, y despertó, y a través de la ventana vio los largos dedos grises de la aurora asiéndose a las estrellas que se iban apagando.
Y se durmió de nuevo y soñó, y he aquí lo que soñó: Soñó que vagaba por un bosque sombrío, en el que pendían frutas extrañas y bellas flores venenosas.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-79
|