Poemas en prosa (Oscar Wilde) - pág.10
Indice General
|
Volver
Página 10 de 10
-¿Quieres darme ese conocimiento de Dios que es más valioso que la púrpura y las perlas? Si quieres dármelo, no entraré en la ciudad.
Y siempre respondía el ermitaño:
-Todas las cosas que tengo te las daré, menos esa única cosa solamente; pues esa cosa no me es lícito entregarla.
Y, al crepúsculo del tercer día, llegaron cerca de las grandes puertas escarlata de la ciudad de los Siete Pecados. Y de la ciudad llegaba el sonido de muchas risas.
Y el joven ladrón respondió con otra risa, y quiso llamar a la puerta. Y mientras lo hacía, se adelantó corriendo el ermitaño y le cogió por los pliegues de la túnica, y le dijo:
-Extiende las manos, y pon los brazos en torno de mi cuello, aproxima el oído a mis labios, y te daré lo que queda del conocimiento de Dios.
Y el joven ladrón se detuvo.
Y cuando el ermitaño hubo entregado su conocimiento de Dios, se arrojó al suelo y lloró, y una gran oscuridad le ocultó de la ciudad y del joven ladrón, así que no los vio más.
Y mientras yacía allí llorando se daba cuenta de que había Uno de pie a su lado, y el que estaba a su lado tenía los pies de bronce y los cabellos como de lana fina. Y Él alzó al ermitaño y le dijo:
-Antes tenías el perfecto conocimiento de Dios; ahora tendrás el perfecto amor de Dios. ¿Por qué lloras?
Y le besó.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
>>>
|