Poemas en prosa (Oscar Wilde) - pág.8
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Y cuando estuvo solo, se levantó y dirigió su rostro hacia la luna, y viajó durante siete lunas, sin hablar a ningún hombre y sin dar respuesta alguna. Y, cuando la séptima luna estaba en su cuarto megguante, llegó a ese desierto que es el desierto del Gran Río. Y habiendo encontrado una caverna en que había vivido un centauro la tomó por morada, y se hizo una estera de juncos para lecho, y se convirtió en ermitaño. Y, a cada hora, el ermitaño alababa a Dios que había permitido que conservara algún conocimiento de Él y de su grandeza admirable.
Y una tarde, estando el ermitaño sentado delante de la cueva en la que había hecho su morada, vio a un joven de rostro hermoso y perverso que pasaba por allí vestido pobremente y con las manos vacías. Cada tarde, con las manos vacías pasaba el joven por allí, y cada mañana volvía con las manos llenas de púrpura y de perlas; pues era ladrón y robaba a las caravanas de los mercaderes.
Y el ermitaño le miró y se apiadó de él, pero no le dijo una palabra; pues sabía que quien dice una palabra pierde la fe.
Y una mañana, cuando volvía el joven con las manos llenas de púrpura y de perlas, se detuvo y frunció el ceño y golpeó la arena con el pie, y dijo al ermitaño:
-¿Por qué me miras siempre de ese modo cuando paso? ¿Qué es lo que veo en tus ojos? Pues ningún, hombre me había mirado antes de ese modo. Y es una espina y me causa una inquietud.
Y el ermitaño le respondió y dijo:
-Lo que ves en mis ojos es compasión. La compasión es lo que te mira desde mis ojos.
Y el joven se rió con desdén, y gritó al ermitaño con voz desapacible, y le dijo:
-Tengo púrpura y perlas en las manos, y tú no tienes más que una estera de juncos para acostarte. ¿Qué compasión habrías de tener por mí? ¿Y por qué razón tienes esa piedad?
-Me das compasión -dijo el ermitaño- porque no tienes conocimiento de Dios.
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