Poemas en prosa (Oscar Wilde) - pág.5
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Quien vino a ti con agua se marchó sediento, y a los proscritos que te ocultaron en sus tiendas por la noche los traicionaste antes de que llegara el alba. Al enemigo que te perdonó la vida le hiciste caer en una emboscada, y al amigo que caminó contigo le vendiste por una recompensa, y a quienes te ofrecieron amor les diste lujuria a cambio.
Y respondió el hombre y dijo:
-En efecto, lo hice.
Y cerró Dios el Libro de la vida del hombre, y dijo:
-En verdad, te enviaré al infierno. Al infierno te enviaré.
Y el hombre exclamó:
-No puedes.
Y dijo Dios al hombre:
-¿Por qué no puedo mandarte al infierno y por qué razón?
-Porque en el infierno he vivido yo siempre -respondió el hombre.
Y hubo un silencio en la Sala del Juicio.
Y, después de una pausa, habló Dios y dijo al hombre:
-Dado que no puedo mandarte al infierno, te enviaré al cielo. Al cielo te enviaré.
Y exclamó el hombre:
-No puedes.
Y dijo Dios al hombre:
-¿Por qué no puedo enviarte al cielo y por qué razón?
-Porque nunca ni en ningún lugar he sido capaz de imaginarlo -respondió el hombre.
Y se hizo el silencio en la Sala del Juicio.
EL MAESTRO DE LA SABIDURÍA
Desde su niñez había sido como es quien está lleno del perfecto conocimiento de Dios, y cuando no era todavía más que un adolescente, muchos de entre los santos, lo mismo que algunas santas mujeres que habitaban en la ciudad libre donde él nació, se habían quedado asombrados por la grave sabiduría de sus respuestas.
Y cuando sus padres le hubieron entregado la túnica y el anillo de la edad viril, les besó y se separó de ellos, y se fue por el mundo, para hablar al mundo de Dios. Pues había muchos en el mundo en aquel tiempo que no conocían a Dios o tenían de Él no más que un conocimiento incompleto o adoraban a los falsos dioses que moran en las arboledas y no se cuidan de sus adoradores.
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