Old Bishop´s (Oscar Wilde) - pág.2
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Robin Hood y los de esa selva, que no es sino un vulgar campo de carreras.
-Un campo de carreras, mi querido conde, donde se... flirtea a las
nueve de la noche, como no se flirtea en Longchamps; y digo flirtear
porque estamos en Inglaterra, el país del cant. En Italia eso se llamaría
de otra manera. En último caso, poco importa, pues allí se flirtea a las
nueve de la noche, ante la faz de la luna y a las de los policemen, a
quienes les falta poco para pedir perdón a los flirteadores por la
molestia; a medianoche se asesina, o, mejor dicho, se asesinaba hace
todavía unos años, porque las buenas tradiciones se pierden en todas
partes, como sabrá usted, mi querido conde, usted que ha pasado por las
plazas de Montevideo y por las calles de Buenos Aires, sin temor al lazo
de los caballeros de la noche.
-Si nos pasea usted de ese modo, Algernon, visitaremos esta noche en
su compañía los camposantos de Italia y las plazas de la Constitución de
todas las ciudades sudamericanas, sin haber adelantado nada -interrumpió a
su vez el obeso Loiselier, a quien la conocida antipatía de Cerneval hacia
lord Algernon no parecía ya divertir-. Tiene usted una manera de contar
perfectamente inglesa, aunque se parezca bastante a la del Demandado que
Dice con gran detalle lo que no importa
y pasa a gran galope sobre los hechos.
Y este sistema es muy desagradable para un hombre que digiere.
Cuente, cuente usted, no me opongo a ello, pero hágalo de una manera
armónica, como decía aquel animal de Lippmann.
-No se enfade usted, Loiselier, no se enfade. Enfadarse es cosa aun
peor para un hombre que digiere, y ya sabe usted, amigo mío, que le acecha
la apoplejía al primer rapto de cólera. Así es que escúcheme
tranquilamente, con calma y afabilidad, como si fuese yo una gentil
canzonetista. Estoy, por lo demás, en lo más culminante de mi relato, y
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