La importancia de llamarse Ernesto (Oscar Wilde) - pág.50
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Creo que algunas preguntas preliminares por mi parte no estarían de más. Míster Worthing, ¿tiene algo que ver miss Cardew con cualquiera de las grandes estaciones de ferrocarril londinenses? Lo pregunto a título de información solamente. Hasta ayer no tenía yo idea de que hubiese familias o personas que descendiesen de una estación de término.
(JACK parece furiosísimo, pero se contiene.)
JACK. (Con voz clara y fría.)-Miss Cardew es nieta del difunto míster Thomas Cardew, Belgravia Square, 149, Londres S. O.; propietario de la finca Gervase Park, en Dorking, condado de Surrey, y del Sporran, en el condado de Fife, al Norte.
LADY BRACKNELL. -Eso parece bastante satisfactorio. Tres direcciones inspiran siempre confianza, hasta a los comerciantes. ¿Pero qué pruebas tengo yo de su autenticidad?
JACK. -He conservado cuidadosamente los Anuarios de señas de aquella época. Están a su disposición, por si quiere examinarlos, lady Bracknell.
LADY BRACKNELL. (Con aspereza.)-He notado errores peregrinos en esa publicación.
JACK. -Los abogados y procuradores, de la familia de miss Cardew son los señores Markby, Markby y Markby.
LADY BRACKNELL. -¿Markby, Markby y Markby? Una razón social muy bienquista en su profesión. Además, he oído decir que alguno de esos señores Markby figuraba de vez en cuando en los banquetes oficiales. Hasta ahora todo eso me satisface.
JACK. (Muy irritado.)-¡Cuánta bondad por su parte, lady Bracknell! Tengo también en mi poder, y le encantará a usted saberlo, la partida de nacimiento de miss Cardew, su fe de bautismo y sus certificados de tos ferina, empadronamiento, vacunación, confirmación y sarampión, documentos tanto alemanes como ingleses.
LADY BRACKNELL. -¡Ah! Una vida llena de incidentes, por lo que veo; aunque tal vez demasiado excitante para una muchacha tan joven. Yo no soy partidaria de la experiencia prematura. (Se levanta y mira la hora en su reloj.) ¡Gundelinda! Se acerca la hora de nuestra marcha. No podemos perder ni un momento. Y aunque sea por pura fórmula, míster Worthing, quisiera preguntarle si miss Cardew posee alguna fortunita.
JACK. -¡Oh! Unas ciento treinta mil libras esterlinas en papel del Estado. Eso es todo. Vaya usted con Dios, lady Bracknell. Encantado de haberla visto.
LADY BRACKNELL.
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