La importancia de llamarse Ernesto (Oscar Wilde) - pág.48
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CECILIA. -Sí, eso creo.
GUNDELINDA. -¿Verdad que sí? Yo ya he perdonado. Están en juego principios, que no se pueden abandonar. ¿Cuál de nosotras deberá hablarles? No es una faena agradable.
CECILIA. -¿No podíamos hablar las dos al mismo tiempo?
GUNDELINDA. -¡Excelente idea! Yo casi siempre hablo al mismo tiempo que los demás. ¿Quiere usted que yo le marque el compás?
CECILIA. -Naturalmente. (GUNDELINDA lleva el compás levantando el dedo.)
GUNDELINDA y CECILIA. (Hablando a la vez.)-Sus nombres de pila siguen siendo una barrera infranqueable. ¡Esto es todo!
JACK y ALGERNON. (Hablando a la vez.)-¿Nuestros nombres de pila? ¿Y eso es todo? Pero si nos van a bautizar esta tarde.
GUNDELINDA. (A JACK.)-¿Y está usted dispuesto a hacer esa terrible cosa en mi obsequio?
JACK. -Lo estoy.
CECILIA. (A ALGERNON.)-¿Y por complacerme está usted decidido a arrostrar esa tremenda prueba?
ALGERNON. -¡Lo estoy!
GUNDELINDA. -¡Qué absurdo es hablar de la igualdad de los sexos! Cuando se trata del sacrificio de sí mismo los hombres están infinitamente más adelantados que nosotras.
JACK. -Lo estamos. (Estrecha la mano a ALGERNON.)
CECILIA. -Tienen ellos momentos de valor físico que nosotras, las mujeres, desconocernos en absoluto.
GUNDELINDA. (A JACK.)-¡Amor mío!
ALGERNON. (A CECILIA.) ¡Amor mío! (Caen unas en brazos de otros. Aparte Merriman. Al entrar y ver la situación, tose muy fuerte.)
MERRIMAN. -¡Ejem! ¡Ejem! ¡Lady Bracknell!
JACK. -¡Cielo santo! (Entra lady Bracknell. Las parejas se separan asustadas. Sale Merriman.)
LADY BRACKNELL. -¡Gundelinda! ¿Qué significa esto?
GUNDELINDA. -Pues sencillamente, que míster Worthing y yo somos prometidos, mamá.
LADY BRACKNELL. -Ven aquí. Siéntate. Siéntate inmediatamente. La vacilación, de cualquier clase que sea es señal de decadencia mental en los jóvenes y de debilidad física en los viejos. (Volviéndose hacia Jack.) Caballero, habiendo sabido la fuga repentina de mi hija por su doncella de confianza, cuyas confidencias he comprado por medio de unos cuartos, la he seguido inmediatamente, tomando un tren de mercancías. Su desventurado padre está en la idea, afortunadamente, de que asiste a una conferencia de una duración extraordinaria, organizada por la junta de Ampliación Universitaria, acerca de la influencia de una renta fija sobre el pensamiento. Me propongo no sacarle de su error. Realmente, yo no le he sacado de sus errores en ninguna ocasión.
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