La importancia de llamarse Ernesto (Oscar Wilde) - pág.47
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ALGERNON continúa comiendo.)
BAJA EL TELÓN
Acto tercero
Decoración
Saloncito íntimo en la residencia solariega de Woolton. GUNDELINDA y CECILIA están asomadas a la ventana, mirando hacia el jardín.
GUNDELINDA. -El hecho de no habernos seguido inmediatamente aquí, como hubiese hecho cualquiera, demuestra, a mi juicio, que todavía les queda algún sentimiento de vergüenza.
CECILIA. -Han estado comiendo pastas. Eso parece indicar arrepentimiento.
GUNDELINDA. (Después de una pausa.)-Lo que parece es que no se preocupan de nosotras. ¿No podría usted toser?
CECILIA. -¡Pero si no estoy acatarrada!
GUNDELINDA. -Nos miran. ¡Qué descaro!
CECILIA. -Se acercan. ¡Eso sí que es atrevimiento!
GUNDELINDA. -Guardemos un silencio digno.
CECILIA. -Muy bien. Es lo único que podemos hacer por ahora.
(Entra JACK seguido de ALGERNON. Vienen silbando un aire terriblemente popular de opereta inglesa.)
GUNDELINDA. -Este silencio digno parece producir un resultado deplorable.
CECILIA. -De lo más deplorable.
GUNDELINDA. -Pero no seremos las primeras en hablar.
CECILIA. -Eso no.
GUNDELINDA. -Míster Worthing, tengo que preguntarle algo muy particular. De su contestación dependen muchas cosas.
CECILIA. -Gundelinda, es usted de una sensatez inapreciable. Míster Moncrieff, tenga usted la bondad de contestarme a la siguiente pregunta: ¿Por qué quiso usted hacerse pasar por el hermano de mi tutor?
ALGERNON. -Para poder tener ocasión de verla a usted.
CECILIA. (A Gundelinda.)-La explicación parece realmente satisfactoria, ¿verdad?
GUNDELINDA. -Sí, querida, si se aviene usted a creerle.
CECILIA. -No le creo. Pero eso no influye lo más mínimo en la admirable belleza de su respuesta.
GUNDELINDA. -Es cierto. En cuestiones de gran importancia lo esencial es el estilo y no la sinceridad. Míster Worthing, ¿cómo va usted a explicarme su falsa afirmación de que tenía un hermano? ¿Lo hizo usted para tener ocasión de ir a Londres a verme lo más a menudo posible?
JACK. -¿Puede usted dudarlo, miss Fairfax?
GUNDELINDA. -Tengo serios motivos para dudarlo. Pero pienso hacerlos desaparecer. No es este momento de escepticismos a la alemana. (Dirigiéndose hacia CECILIA.) Sus explicaciones parecen completamente satisfactorias, sobre todo la de míster Worthing. Posee, a mi juicio, el sello de la verdad.
CECILIA. -Yo estoy más que satisfecha con lo que ha dicho míster Moncrieff. Sólo su voz inspira una absoluta confianza.
GUNDELINDA. -Entonces, ¿cree usted que deberíamos perdonarles?
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