La importancia de llamarse Ernesto (Oscar Wilde) - pág.34
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Sería la mayor falta de amistad. Supongo que si estuviera yo de luto te quedarías acompañándome, y si no lo hacías me parecería una gran falta de cariño.
JACK. -Bueno; ¿te marcharás si me cambio de traje?
ALGERNON. -Sí, con tal de que no tardes demasiado. No he visto nunca a nadie que tarde tanto en vestirse y con tan pobre resultado.
JACK. -Pues, después de todo, mejor es eso que no ir siempre tan excesivamente elegante como tú.
ALGERNON. -Si algunas veces voy excesivamente elegante, lo compenso siendo siempre excesivamente educado.
JACK. -Tu vanidad es ridícula, tu conducta un ultraje y tu presencia en mi jardín completamente absurda. Sea como fuere, tendrás que tomar el tren de las cuatro y cinco y te desearé buen viaje hasta Londres. Este Bunburysmo, como tú lo llamas, no ha sido un gran éxito para ti. (Se interna en la casa.)
ALGERNON. -Pues yo creo que ha sido un gran éxito. ¡Estoy enamorado de Cecilia, y esto es todo! (Entra CECILIA por el fondo del jardín. Coge la regadera y se pone a regar las flores.) Pero es preciso que la vea antes de irme, y que lo prepare todo para otro Bunbury. ¡Ah, hela aquí!
ALGERNON. -¡Oh! No he vuelto más que a regar las rosas. Creí que estaba usted con el tío Jack.
ALGERNON. -Ha ido a decir que enganchen el coche para mí.
CECILIA. -¡Ah! ¿Va a llevarle a usted a dar un buen paseo?
ALGERNON. -Va a echarme.
CECILIA. -Entonces, ¿tenemos que separarnos?
ALGERNON. -Eso temo. Es una separación muy dolorosa.
CECILIA. -Siempre es doloroso separarse de las personas que ha conocido uno recientemente. La ausencia de los antiguos amigos puede sobrellevarse con serenidad. Pero una separación, aun siendo momentánea, de una persona que acaban de presentarnos, es casi intolerable.
ALGERNON. -Gracias.
(Entra MERRIMAN.)
MERRIMAN. -El coche está en la puerta, señor. (ALGERNON mira suplicante a CECILIA.)
CECILIA. -Diga usted que espere... cinco minutos, Merriman.
MERRIMAN. -Bien, miss.
(Sale MERRIMAN.)
ALGERNON. -Espero, Cecilia, que no la ofenderé si la declaro con toda franqueza, abiertamente, que me parece usted por todos estilos la personificación visible de la perfección absoluta.
CECILIA. -Creo que su franqueza le honra mucho, Ernesto. Si usted me lo permite, copiaré sus observaciones en mi diario.
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