La importancia de llamarse Ernesto (Oscar Wilde) - pág.31
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Me gustan mucho los niños. ¡No! El caso es que quisiera yo ser bautizado esta tarde, sí no tiene usted nada mejor que hacer.
CASULLA. -¿Pero seguramente, míster Worthing, estará usted ya bautizado?
JACK. -No recuerdo absolutamente nada.
CASULLA. -¿Pero tiene usted alguna duda importante sobre eso?
JACK. -Creo tenerla. Claro es que no sé si la cosa le molestará a usted si le parezco ya un poco viejo.
CASULLA. -No, por cierto. La aspersión y hasta la inmersión de los adultos son prácticas, perfectamente canónicas.
JACK. -¡La inmersión!
CASULLA. -No tenga usted cuidado. Basta con la aspersión, y es inclusive lo que le aconsejo. ¡Está el tiempo tan variable! ¿A qué hora desea usted que se efectúe la ceremonia?
JACK. -¡Oh! Podríamos quedar en las cinco, si a usted le conviene.
CASULLA. -¡Perfectamente, perfectamente! Tengo además otras dos ceremonias similares a esa hora. Han nacido recientemente dos gemelos en una de las quintas alejadas de la finca de usted. El pobre Jenkins, el carretero, es un hombre que trabaja de firme.
JACK. -¡Oh! No me parece muy chistoso ser bautizado en compañía de otros rorros. Sería infantil. ¿Le parecería a usted bien a las cinco y media?
CASULLA. -¡Admirablemente! ¡Admirablemente! (Saca el reloj.) Y ahora, mi querido míster Worthing, no quiero molestar más tiempo en su casa, sumida en la pesadumbre. Le aconsejaría tan solo que no se dejase abatir demasiado por el dolor. Las que nos parecen pruebas amargas, son muchas veces beneficios disfrazados.
MISS PRISM. -Esto me parece un beneficio evidente. (Entra CECILIA, que viene de la casa.)
CECILIA. -¡Tío Jack! ¡Oh! Me alegro muchísimo de verle a usted ya de vuelta. ¡Pero qué traje tan horrible se ha puesto usted! Vaya usted a cambiar de ropa.
MISS PRISM. -¡Cecilia!
CASULLA. -¡Hija mía! ¡Hija mía! (CECILIA se dirige hacia JACK; éste la besa en la frente con aire melancólico.)
CECILIA. -¿Qué ocurre, tío Jack? ¡Póngase usted alegre! Parece que tiene usted dolor de muelas. ¡Qué sorpresa le preparo! ¿Quién cree usted que está en el comedor? ¡Su hermano!
JACK. -¿Quién?
CECILIA. -Su hermano Ernesto. Ha llegado hace una media hora.
JACK. -¡Qué disparate! Yo no tengo hermano.
CECILIA. -¡Oh, no diga usted eso! Por mal que se haya portado con usted anteriormente, no por eso deja de ser su hermano.
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