La importancia de llamarse Ernesto (Oscar Wilde) - pág.30
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JACK. -¡Pobre Ernesto! Tenía muchos defectos, pero es un golpe doloroso, muy doloroso.
CASULLA. -Muy doloroso, en efecto. ¿Estaba usted con él en sus últimos momentos?
JACK. -No. Ha muerto en el extranjero; en París, sí. Recibí anoche un telegrama del gerente del Gran Hotel.
CASULLA. -¿Indicaba la causa de la muerte?
JACK. -Un fuerte enfriamiento, según parece.
MISS PRISM. -Cada hombre recoge lo que siembra.
CASULLA.(Levantando la mano.)-¡Caridad, mi querida miss Prism; caridad! Ninguno de nosotros es perfecto. Yo mismo tengo una debilidad especial por el juego de las damas. ¿Y el entierro, tendrá lugar aquí?
JACK. -No. Parece ser que expresó el deseo de que le enterrasen en París.
CASULLA. -¡En París! (Moviendo la cabeza.) Temo que ese detalle indique la poca sensatez de su estado de ánimo en los últimos momentos. Deseará usted, sin duda, que haga yo el domingo próximo alguna ligera alusión a esta desgracia doméstica. (JACK le aprieta la mano convulsivamente.) Mi sermón sobre el significado del maná en el desierto puede adaptarse a casi todas las situaciones alegres o, como en el presente caso, luctuosas. (Todos suspiran.) Lo he predicado en fiestas de segadores, en bautizos, confirmaciones, días de penitencia y días solemnes. La última vez que lo pronuncié fue en la Catedral, como sermón de caridad a beneficio de la preventiva contra el descontento entre las clases altas. Al obispo, que estaba presente, le causaron mucha impresión algunas de las comparaciones que hice.
JACK. -¡Ah! ¿No ha hablado usted de bautizos, doctor Casulla? Porque eso me recuerda una cosa. ¿Supongo que sabrá usted bautizar muy bien? (El doctor CASULLA se queda estupefacto.) Quiero decir como es natural, que estará usted bautizando continuamente, ¿no es eso?
MISS PRISM. -Siento decir que ese es uno de los deberes más constantes del rector en esta parroquia. Yo he hablado más de una vez a las clases menesterosas sobre ese asunto. Pero parecen ignorar lo que es economía.
CASULLA. -Pero, ¿hay algún niño determinado por quien se interesa usted, míster Worthing? Su hermano creo que era soltero, ¿verdad?
JACK. -¡Oh, sí!
MISS PRISM. (Con amargura.)-La gente que vive únicamente para el deleite lo suele ser.
JACK. -Pero no es para ningún niño, mi querido doctor.
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