La importancia de llamarse Ernesto (Oscar Wilde) - pág.27
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Le he dicho que la señorita y miss Prism estaban en el jardín. Ha dicho que tenía mucho interés en hablar con usted reservadamente un momento.
CECILIA. -Dígale a míster Ernesto Worthing que venga aquí. Y creo que haría usted bien en indicar al ama de llaves que le preparase cuarto.
MERRIMAN. -Bien, señorita. (Sale, MERRIMAN.)
CECILIA. -Hasta ahora no he conocido todavía a ningún individuo verdaderamente malo. Me siento un poco asustada. Mucho me temo que se parezca a todos los demás. ¡Y se parece! (Entra ALGERNON muy alegre y desenvuelto.)
ALGERNON. (Quitándose el sombrero.)-Seguramente usted es mi primita Cecilia.
CECILIA. -Está usted en un gran error. No soy pequeña. Verdaderamente me parece que estoy más crecida de lo corriente, para mi edad. (ALGERNON la contempla un poco asombrado.) Pero soy la prima Cecilia. Ya veo por su tarjeta que es usted el hermano del tío Jack, mi primo Ernesto, el bribón de mi primo Ernesto.
ALGERNON. -¡Oh! Yo no soy realmente un bribón ni mucho menos, prima Cecilia. No vaya usted a creer que soy un bribón.
CECILIA. -Si no lo es, nos ha estado usted entonces engañando indudablemente a todos de la manera más imperdonable. Espero que no habrá usted llevado una doble existencia, fingiéndose un bribón y siendo en realidad un hombre bueno siempre. Eso sería una hipocresía.
ALGERNON. (Mirándola con estupefacción.)-¡Oh! Claro es que he sido un poco atolondrado.
CECILIA. -Me alegro saberlo.
ALGERNON. -Verdaderamente, ya que habla usted de eso, he sido todo lo malo que he podido en mi breve vida.
CECILIA. -No creo que deba usted envanecerse de ello, aunque seguramente haya sido muy agradable.
ALGERNON. -Mucho más agradable es estar aquí con usted.
CECILIA. -Lo que no puedo comprender es cómo está usted aquí. El tío Jack no ha de regresar hasta el lunes por la tarde.
ALGERNON. -Es una gran contrariedad. Me veo en la precisión de marcharme el lunes por la mañana, en el primer tren. Tengo una cita de negocios a la que me interesa muchísimo... faltar.
CECILIA. -¿Y no podría usted faltar a ella en cualquier sitio que no fuese en Londres?
ALGERNON. -No; la cita es en Londres.
CECILIA. -Bueno, ya sé, naturalmente, lo importante que es no acudir a una cita de negocios, cuando se quiere conservar cierto sentido de la belleza de la vida, pero, sin embargo, creo que haría usted mejor en esperar el regreso del tío Jack.
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