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La importancia de llamarse Ernesto (Oscar Wilde) - pág.26

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     MISS PRISM. -Cecilia, yo no he hablado para nada de jaqueca.
     CECILIA. -No, mi querida miss Prism, ya lo sé, pero yo he sentido instintivamente que tenía usted jaqueca. Realmente en eso estaba yo pensando y no en mi lección de alemán, cuando ha llegado el rector.
     CASULLA. -Espero, Cecilia, que no será usted una distraída.
     CECILIA. -¡Oh! Temo serlo.
     CASULLA. -Es raro. Si yo tuviera la suerte de ser discípulo de miss Prism, estaría pendiente de sus labios. (MISS PRISM abre mucho los ojos.) Hablo metafóricamente... Mi metáfora estaba tomada de las abejas. ¡Ejem! ¿Supongo que míster Worthing no ha regresado todavía de Londres?
     MISS PRISM. -No le esperamos hasta el lunes por la tarde.
     CASULLA. -¡Ah, sí! Generalmente le gusta pasar el domingo en Londres. No es de los que piensan únicamente en divertirse, como parece ser el caso de ese desdichado joven, hermano suyo. Pero no debo distraer por más tiempo a Egeria y su discípula.
     MISS PRISM. -¿Egeria? Me llamo Leticia, doctor.
     CASULLA. (Inclinándose.)-Es una simple alusión clásica, tomada de los autores paganos. ¿Las veré seguramente a las dos en el oficio de Vísperas de esta tarde?
     MISS PRISM. -Me parece, querido, que voy a dar una vueltecita con usted. Realmente noto que tengo jaqueca y un paseo puede sentarme bien.
     CASULLA. -Con mucho gusto, miss Prism; con mucho gusto. Podemos llegar hasta las escuelas y volver.
     MISS PRISM. -Eso resultará delicioso. Cecilia, hará usted el favor de estudiar su lección de Economía política, durante mi ausencia. El capítulo sobre la baja de la rupia puede usted saltárselo. Es demasiado sensacional. Hasta esos problemas monetarios tienen su lado melodramático. (Se va por el jardín con el doctor CASULLA.)
     CECILIA. (Recogiendo los libros y tirándolos sobre la mesa)-¡Fuera la horrible Economía política! ¡Fuera la horrible Geografía! ¡Fuera, fuera, el horrible alemán! (Entra con una tarjeta sobre una bandeja.)
     MERRIMAN. -Míster Ernesto Worthing acaba de llegar en coche de la estación. Ha traído su equipaje consigo.
     CECILIA. (Cogiendo la tarjeta y leyéndola.)-«Míster Ernesto Worthing, B. 4, The Albany, W.» ¡El hermano del tío Jack! ¿Le ha dicho usted que míster Worthing estaba en Londres?
     MERRIMAN. -Sí, señorita. Y ha parecido muy contrariado.


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