La importancia de llamarse Ernesto (Oscar Wilde) - pág.16
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JACK. -Bueno... ¿Puedo declararme ahora?
GUNDELINDA. -Me parece que sería una ocasión admirable. Y para evitarle toda posible desilusión, míster Worthing, creo leal manifestarle con toda franqueza y de antemano que estoy completamente decidida a decirle que sí.
JACK. -¡Gundelinda!
GUNDELINDA. -Sí, míster Worthing, ¿qué tiene usted que decirme?
JACK. -Ya sabe usted lo que tengo que decirle.
GUNDELINDA. -Sí, pero usted no lo dice.
JACK. -Gundelinda, ¿quiere usted casarse conmigo? (Se arrodilla.)
GUNDELINDA. -Claro que quiero, vida mía. ¡Cuánto tiempo ha tardado usted en decirlo! Temo que tenga usted muy poca experiencia en materia de declaraciones.
JACK. -No he amado a nadie en el mundo más que a usted, encanto mío.
GUNDELINDA. -Sí, pero los hombres se declaran muchas veces para ejercitarse. Sé que mi hermano Gerardo lo hace. Todas mis amigas me lo dicen. ¡Qué ojos azules más maravillosos tiene usted, Ernesto! Son completamente, completamente azules. Espero que me mirará usted siempre así, sobre todo cuando haya gente delante. (Entra LADY BRACKNELL.)
LADY BRACKNELL. -¡Míster Worthing! ¡Levántese usted, caballero, de esa postura semiacostada! Es muy indecorosa.
GUNDELINDA. -¡Mamá! (Él intenta levantarse; ella se lo impide.) Te ruego encarecidamente que te retires. Éste no es tu sitio. Además, míster Worthing no ha acabado del todo.
LADY BRACKNELL. -¿Acabado el qué, si puedo preguntarlo?
GUNDELINDA. -Soy la prometida de míster Worthing, mamá. (Se levantan ambos.)
LADY BRACKNELL. -Perdona, tú no eres la prometida de nadie. Cuando seas la prometida de alguien, yo, o tu padre, si su salud se lo permite, te lo comunicaremos. Es cosa que debe presentársele a una muchacha como una sorpresa, agradable o desagradable, según los casos. No es asunto que pueda permitírsele arreglar por su cuenta... Y ahora tengo que hacerle a usted unas cuantas preguntas, míster Worthing. Mientras se las hago, espérame abajo en el coche, Gundelinda.
GUNDELINDA. (En tono de reproche)-¡Mamá!
LADY BRACKNELL. - ¡En el coche, Gundelinda! (Gundelinda se dirige hacia la puerta. Ella y Jack se tiran besos por detrás de lady Bracknell. Lady Bracknell mira vagamente a su alrededor, como intentando comprender qué ruido es aquél. Por último, se vuelve.) ¡Gundelinda, al coche!
GUNDELINDA. -Sí, mamá. (Sale, volviéndose para mirar a Jack.)
LADY BRACKNELL. (Sentándose.)-Puede usted sentarse, míster Worthing.
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