La importancia de llamarse Ernesto (Oscar Wilde) - pág.2
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Wilde asistió, ya en pleno desarrollo de los sucesos que iban a envolverle en una red de ignominias, a los ensayos de La importancia de ser formal. El día del estreno, las personas de la intimidad del autor, enteradas de las cartas amenazadoras que le había dirigido Queensberry, pasaron momentos de desagradable expectación. El marqués intentó penetrar en el teatro y se lo impidieron. Y el palco en que se hallaban sus amigos, una aristocrática partida de la porra, estuvo vigilado durante toda ta representación. Pudo evitarse el escándalo, aunque lord Queensberry creyó vengarse puerilmente, mandando a Wilde al teatro un gran manojo de hortalizas. Días después del estreno, el 18 de febrero, el marqués se presentó en el aristocrático Albemarle Club (del cual eran socios Wilde y su esposa), y ausente aquél de Londres le dejó una tarjeta respaldada con un sucio insulto. Wilde pasó de escribir esta comedia regocijante, última muestra de su apogeo literario, a vivir pocos meses después, con el clownesco uniforme de recluso, la tragedia de la cárcel, que le aniquiló. Esta fue, pues, repetimos, su última sonrisa ante las cuartillas. Como dice Arthur Ransome, uno de sus biógrafos y críticos: «La importancia de ser formal, la más trivial de las comedias mundanas, es una de las que producen ese placer intelectual por el que reconocemos lo bello.» Y añade más adelante: «La risa ligera de esta comedia se debe a la radioactividad de la obra misma, y no a unos gusanos de luz, colocados incongruentemente en su superficie. En ella nos sentimos despojados de nuestra envoltura corporal y compartimos con Wilde el placer de retozar en el mundo de la cuarta dimensión.» Cecil Georges Bazile, otro de sus biógrafos (recientemente fallecido), escribe: «Esta comedia introdujo en Inglaterra la fórmula moderna del teatro contemporáneo. Se acabaron las groseras adaptaciones francesas o alemanas, se acabaron los melodramas vulgares que abrumaban la escena británica. Oscar Wilde substituyó todo esto por la comedia moderna en el sentido más estricto de la palabra. La sátira se mezcla con un diálogo deslumbrante en el que brotan las frases ingeniosas y las paradojas.
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