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El ruiseñor y la rosa (Oscar Wilde) - pág.2

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-«Los músicos estarán en su estrado» -decía el estudiante-, «tocando sus instrumentos de cuerda, y mi amada bailará al acompañamiento de arpa y violín. Bailará en forma tan sublime, que sus pies no tocarán el suelo, y los cortesanos con sus vistosos trajes formarán rueda alrededor de ella, pero no bailará conmigo, porque no poseo una rosa roja para brindársela». -Y se dejó caer sobre la hierba, y ocultando su cara entre las manos, lloró.
-«¿Por qué llora?» -preguntó una pequeña lagartija verde, pasando con su cola levantada junto al ruiseñor.
-«De veras, ¿por qué?» -dijo una mariposa que revoloteaba en un rayo de sol.
-«Es cierto, ¿por qué?» -susurró en voz baja y melodiosa, una margarita a su vecina.
-«Llora por una rosa roja» -dijo el ruiseñor.
-«¿Por una rosa roja?» -exclamaron todos- «¡Qué tontería!» Y la largartija, que era algo cínica, se echó a reír.
Pero el ruiseñor conocía el secreto de la pena del estudiante, y permanecía silencioso, posado en el encino, y reflexionando sobre el misterio del amor. De pronto, extendiendo sus alas oscuras para volar, se remontó en el aire. Pasó a través de la arboleda como una sombra, y como una sombra cruzó el jardín.
En el centro del parterre se erguía un rosal precioso, y al vislumbrarlo, voló hacia él en seguida.
-«Dame una rosa roja» -dijo suplicante- «y te cantaré la más dulce de mis canciones».
Pero el rosal sacudió su cabeza.
-«Mis rosas son blancas» -contestó-. «Tan blancas como la espuma del mar, y más blancas que la nieve en la cumbre de las montañas. Pero ve a mi hermano que crece alrededor del reloj de sol, y quizá pueda darte lo que quieres.»
Entonces el ruiseñor voló sobre el rosal que crecía alrededor del reloj de sol.
-«Dame una rosa roja» -imploraba- «y te cantaré la más dulce de mis canciones».
Pero el rosal sacudió su cabeza. –«Mis rosas son amarillas» -respondió-. «Tan amarillas como el cabello de la sirena que reposa en un trono de ámbar, y más amarillas que el narciso que florea en los prados, antes de que el segador llegue con su hoz.


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