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El retrato de Dorian Gray (Oscar Wilde) - pág.49

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Sabía perfectamente -y la idea produjo un brillo de placer en sus ojos de ágata- que gracias a determinadas palabras suyas, palabras musicales dichas de manera musical, el alma de Dorian Gray se había vuelto hacia aquella blanca jovencita y se había inclinado en adoración ante ella. En gran medida aquel muchacho era una creación suya. Había acelerado su madurez, lo que no carecía de importancia. La gente ordinaria esperaba a que la vida les desvelase sus secretos, pero para unos pocos, para los elegidos, la vida revelaba sus misterios antes de apartar el velo. Esto era a veces consecuencia del arte, y sobre todo del arte de la literatura, que se ocupa de manera inmediata de las pasiones y de la inteligencia. Pero de cuando en cuando una personalidad compleja ocupaba su sitio y asumía las funciones del arte, y era, de hecho, a su manera, una verdadera obra de arte, porque, al igual que la poesía, la escultura o la pintura, la vida cuenta con refinadas obras maestras.
Sí; el adolescente era precoz. Estaba recogiendo la cosecha todavía en primavera. Tenía dentro de sí el latido y la pasión de la juventud, pero empezaba a reflexionar sobre todo ello. Era delicioso contemplarlo. Con su hermoso rostro y su alma igualmente hermosa, era un motivo de asombro. Daba lo mismo cómo terminara todo o cómo estuviese destinado a terminar. Era como una de esas figuras llenas de encanto en una cabalgata o en una obra de teatro, cuyas alegrías nos parecen muy lejanas, pero cuyos pesares despiertan nuestro sentido de la belleza, y cuyas heridas son como rosas rojas.
Alma y cuerpo, cuerpo y alma, ¡qué misteriosos eran! Había animalismo en el alma, y el cuerpo tenía sus momentos de espiritualidad. Los sentidos podían refinarse y la inteligencia degradarse. ¿Quién podía decir dónde cesaba el impulso carnal o empezaba el psíquico? ¡Qué superficiales eran las arbitrarias definiciones de los psicólogos ordinarios! Y, sin embargo, ¡qué dificil pronunciarse entre las afirmaciones de las distintas escuelas! ¿Era el alma un fantasma que habitaba en la casa del pecado? ¿O el cuerpo se funde realmente con el alma, como pensaba Giordano Bruno? La separación entre espíritu y materia era un misterio, y la unión del espíritu con la materia también lo era.
Empezó a preguntarse si alguna vez se conseguiría hacer de la psicología una ciencia tan exacta que fuese capaz de revelarnos hasta el último manantial de la vida.


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