El príncipe feliz (Oscar Wilde) - pág.9
Indice General
|
Volver
Página 9 de 10
Las calles parecían cubiertas de plata, ¡eran tan brillantes y pulidas!...; grandes témpanos como dagas de cristal colgaban de los aleros de las casas, toda la gente iba envuelta en pieles, y los niños llevaban gorros rojos y patinaban sobre el hielo.
La pobre golondrinita tenía frío, cada vez más frío, pero no quería abandonar al Príncipe; ¡era muy grande su amor por él! Picoteaba las migajas en la puerta de la panadería, cuando su dueño no se daba cuenta y trataba de calentarse, batiendo sus alas.
Pero al fin comprendió que iba a morir. Tuvo suficientes fuerzas para volar de nuevo hasta el hombro del Príncipe.
-«Adiós, querido Príncipe» -murmuró-. «¿Me permites besar tu mano?»
-«Me alegra que puedas por fin regresar a Egipto, golondrinita» -contestó el Príncipe-. «Ya has estado demasiado tiempo aquí; pero tienes que besarme en los labios, porque te amo.»
-«No es a Egipto a donde voy» -dijo la golondrina-. «Voy a la Casa de la Muerte. La Muerte es la hermana del sueño, ¿no es verdad?»
Y besó al Príncipe Feliz en los labios. Y cayó muerta a sus pies. En ese momento un sonido extraño se oyó en el interior de la estatua, como si algo se hubiese quebrado. El hecho es que el corazón de plomo se había partido en dos. Estaba cayendo una terrible helada.
A la mañana siguiente, el Alcalde paseaba abajo, en la plaza, acompañado por los regidores de la ciudad. Al pasar junto a la columna, miraron hacia la estatua:
-«¡Válgame Dios!» -exclamó-. «¡Qué desaliñado se ve el Príncipe Feliz!»
-«¡De veras, qué andrajoso!» -añadieron los regidores de la ciudad, que siempre estaban de acuerdo con el Alcalde; y se acercaron y subieron a examinarla.
-«El rubí se ha caído del puño de su espada, los ojos han desaparecido, y ya no tiene nada de oro encima» -dijo el Alcalde-. «En verdad casi no se diferencia de un mendigo.»
-«No se diferencia de un mendigo» -repitieron los regidores de la ciudad.
-«¡Y aquí se encuentra un pajarillo muerto a sus pies!» -continuó el Alcalde.
-«Debemos promulgar un bando, prohibiendo que los pajaros mueran aquí.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
>>>
|