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El príncipe feliz (Oscar Wilde) - pág.5

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Por fin llegó a la pobre vivienda, y miró dentro. El niño se agitaba febrilmente en su camastro, y la madre se había dormido... ¡estaba tan cansada! ... Se deslizó rauda en la habitación, y depositó el gran rubí sobre la mesa, junto al dedal de la costurera. Entonces, graciosamente, revoloteó alrededor de la cama, abanicando con sus alas la frente del niño.
-«¡Qué fresco siento!» -exclamó el niño- «debo estar mejorando», y se sumergió en un sueño delicioso.
Entonces la golondrina regresó volando hacia el Príncipe Feliz, y le narró lo que había hecho. «Es curioso, comentó, pero ahora me siento con bastante calor, a pesar de estar haciendo tanto frío.»
-«Es porque has realizado una buena acción» -dijo el Príncipe.
La golondrinita comenzó a reflexionar, y se quedó dormida. El pensar siempre le daba sueño.
Cuando empezaba a amanecer bajó volando al río y se bañó.
-‘¡Qué fenómeno más notable!» -dijo el profesor de ornitología, al pasar por el puente- «¡Una golondrina en invierno!»
Y escribió sobre este asunto una larga carta al periódico local. Todos la citaban y hablaron de ella, ¡estaba llena de tantas palabras que no alcanzaban a entender! ...
-«Esta noche parto para Egipto» -dijo la golondrina, sintiéndose entusiasmada con esta perspectiva.
Visitó todos los monumentos públicos, y estuvo descansando largo rato en la cúspide del campanario. Donde quiera que fuese, los gorriones gorjeaban y se decían unos a otros:
-«Que forastera tan distinguida».
Y se sentía muy contenta y halagada al oírlo.
Cuando salió la luna, voló de regreso al Príncipe Feliz.
-«¿No tienes ningún encargo para Egipto?» -le gritó-. «Ya me voy»
-«Golondrina, golondrina, golondrinita» -contestó el Príncipe-. «¿No podrías quedarte conmigo una noche más?»
-«Me esperan en Egipto» -fue la respuesta-. «Mañana mis compañeras volarán a la segunda catarata. Allí el hipopótamo descansa -sobre los juncos y el dios Memnón reposa sobre su gran trono de granito, vigilando las estrellas durante toda la noche, y cuando surge brillante la estrella matutina, lanza un gran grito de alegría, y vuelve a quedar sileneioso. A medio día los leones amarillos se acercan a las orillas para beber.


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