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De Profundis (Oscar Wilde) - pág.49

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Por qué lo hiciste, temo saberlo demasiado bien. Si el Odio cegó tus ojos, la Vanidad te cosió los párpados con hilos de hierro. La facultad «que es lo único que nos permite comprender a los demás en sus relaciones así reales como ideales», tu egotismo estrecho la había embotado, y el largo desuso la había inutilizado. La imaginación estaba tan encarcelada como yo. La Vanidad había puesto barrotes en las ventanas, y el carcelero se llamaba Odio.
Todo esto tuvo lugar en la primera quincena de noviembre del año antepasado. Un gran río de vida fluye entre ti y una fecha tan distante. Apenas o nada puedes ver a través de un desierto tan ancho. Pero a mí me parece como si hubiera sido, no diré ayer, sino hoy. El sufrimiento es un único momento largo. No lo podemos dividir en estaciones. Sólo podemos registrar sus modos y anotar su retorno. Para nosotros el tiempo en sí no avanza. Gira. Parece dar vueltas en torno a un único centro de dolor. La inmovilidad paralizante de una vida regulada en cada una de sus circunstancias según un patrón invariable, de forma que comemos y bebemos, caminamos y nos acostamos y rezamos, o por lo menos nos arrodillamos en oración, conforme a las leyes inflexibles de una fórmula de hierro: esa inmovilidad, que hace que cada día terrible sea igual a los demás hasta en el menor detalle, parece comunicarse a aquellas fuerzas externas cuya esencia misma es el cambio incesante. De la época de la siembra o de la recolección, de los segadores que se doblan sobre la mies o los vendimiadores que serpean entre las viñas, de la hierba del huerto blanqueada de capullos rotos o salpicada de frutos caídos, no sabemos nada, ni podemos saber nada. Para nosotros sólo hay una estación, la estación del Dolor. Es como si hasta el sol y la luna nos hubieran quitado. Afuera el día podrá ser azul y oro, pero la luz que se filtra por el grueso vidrio del ventanuco enrejado que tenemos encima es gris y miserable. En la celda siempre es atardecer, como en el corazón es siempre medianoche.


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