De Profundis (Oscar Wilde) - pág.31
Indice General
|
Volver
Página 31 de 132
Pensaste también que al atacar a tu propio padre con cartas horribles, telegramas ofensivos y postales insultantes estabas realmente librando batallas por tu madre, sosteniendo su causa y vengando las ofensas y sufrimientos, sin duda terribles, de su vida matrimonial. Fue una total equivocación por tu parte; y una de las peores. La manera de vengar las ofensas de tu padre a tu madre, si lo considerabas parte de tus deberes de hijo, hubiera sido ser para tu madre mejor hijo de lo que eras: no hacer que le diera miedo hablar contigo de cosas serias; no firmar facturas para que ella las pagase; ser más suave con ella y no causarle penas. Tu hermano Francis le dio grandes compensaciones por lo que había sufrido, con su dulzura y bondad hacia ella en los breves años de su vida delicada. Tú deberías haberle tomado por modelo. Te equivocaste incluso al imaginar que para tu madre habría sido una delicia y una dicha absoluta que a través de mí hubieras conseguido llevar a tu padre a la cárcel. Estoy seguro de que te equivocabas. Y si quieres saber qué es lo que verdaderamente siente una mujer que tiene a su marido, al padre de sus hijos, vestido de presidiario y en una celda de presidio, escribe a mi mujer y pregúntaselo. Ella te lo dirá.
También yo tenía mis ilusiones. Pensaba que la vida iba a ser una comedia brillante, y tú una de sus muchas figuras airosas. Descubrí que era una tragedia repugnante y repelente, y que la siniestra ocasión de la gran catástrofe, siniestra por lo concentrado de su objetivo y la intensidad de una fuerza de voluntad encogida, eras precisamente tú, despojado de aquella máscara de alegría y placer con la que lo mismo tú que yo nos habíamos dejado engañar y extraviar.
Ahora podrás entender, ¿no es cierto?, un poco de lo que estoy sufriendo. No sé qué periódico, creo que la Pall Mall Gazette, hablando del ensayo general de una de mis obras, decía que me seguías a todas partes como mi sombra: el recuerdo de nuestra amistad es la sombra que va conmigo aquí; que parece no dejarme nunca; que me despierta por las noches para contarme una y otra vez la misma historia, hasta que su reiteración cansina ahuyenta el sueño hasta el alba; al alba vuelve a empezar; me sigue al patio de la cárcel y me hace hablar solo mientras hago la ronda; me veo obligado a recordar cada detalle que acompañó a cada momento horrible; no hay nada de cuanto sucedió en esos años infaustos que no pueda recrear en esa cámara del cerebro que está reservada al dolor o a la desesperación; hasta la última nota forzada de tu voz, hasta el último temblor y gesto de tus manos nerviosas, hasta la última palabra amarga, hasta la última frase venenosa vuelve a mí; me acuerdo de la calle o del río por donde pasamos, de la pared o del bosque que nos rodeaba, de qué figura hacían en la esfera las manecillas del reloj, de hacia dónde iban las alas del viento, de qué forma y color tenía la luna.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-132
|