De Profundis (Oscar Wilde) - pág.19
Indice General
|
Volver
Página 19 de 132
Si nuestra vida juntos hubiera sido como el mundo se la imaginaba, una vida tan sólo de placer, disipación y risas, yo no sería capaz de recordar ni uno solo de sus pasajes. Es porque estuvo llena de momentos y días trágicos, amargos, siniestros en sus avisos, grises o tremendos en sus escenas monótonas y violencias indecorosas, por lo que veo u oigo cada incidente con todo su detalle, veo y oigo, de hecho, poco más. Hasta tal punto se nutren los hombres de dolor en este lugar, que mi amistad contigo, en la forma en que me veo forzado a recordarla, se me aparece siempre como un preludio consonante con esos variados modos de angustia que cada día tengo que atravesar; más aún, como algo que los exige; como si mi vida, no obstante lo que pareciera a mis ojos y a los de los demás, hubiera sido constantemente una auténtica Sinfonía del Dolor, pasando por sus movimientos rítmicamente enlazados hasta su cierta resolución, con esa inevitabilidad que caracteriza en el Arte el tratamiento de todo gran tema.
He hablado de tu conducta conmigo durante tres días seguidos, hace tres años, ¿no es verdad? Yo estaba solo en Worthing, tratando de acabar mi última obra de teatro. Las dos visitas que me habías hecho habían acabado. De pronto apareciste por tercera vez, con un acompañante, y llegaste a proponer que se alojara en mi casa. Yo (reconocerás ahora que con toda propiedad) me negué en rotundo. Os atendí, naturalmente; no me quedaba otro remedio; pero fuera, no en mi casa. Al día siguiente, un lunes, tu compañero volvió a las obligaciones de su profesión, y tú te quedaste conmigo. Aburrido de Worthing, y todavía más, no me cabe duda, de mis esfuerzos infructuosos por concentrar mi atención en la obra, la única cosa que en aquel momento me interesaba, insistes en que te lleve al Grand Hotel de Brighton. La noche de nuestra llegada caes enfermo con esa temible fiebre baja estúpidamente llamada influenza; tu segundo, si no tercer, ataque. No tengo que recordarte cómo te atendí y te cuidé, no sólo con todo lujo de frutas, flores, regalos, libros y todas esas cosas que pueden comprarse con dinero, sino con ese afecto, ternura y amor que, pienses tú lo que pienses, no se compran con dinero.
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
46
47
48
49
50
>>>
Páginas
1-50
51-100
101-132
|