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Las aventuras de Huckleberry Finn (Mark Twain) - pág.201

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Respondí:
-Muy bien, pero espera un momento. Queda algo más: algo que no sabe nadie más que yo, y es que ahí hay un negro que quiero robar para liberarlo, y se llama Jim; el Jim de la vieja señorita Watson.
Y él va y dice:
-¡Cómo! pero si Jim ya...
Se paró y siguió pensándolo, y luego voy yo y digo:
-Ya sé lo que vas a decir. Vas a decir que es un asunto sucio y ruin, pero, ¿qué me importa a mí? Yo soy ruin y voy a robarlo y quiero que te quedes callado y no digas nada. ¿Quieres?
Se le iluminó la mirada y dijo:
-¡Te voy a ayudar a robarlo!
Me quedé como de piedra, como si me hubieran pegado un tiro. Aquello era lo más asombroso que había oído en mi vida, y tengo que decir que Tom Sawyer decayó mucho en mi estima. Sólo que no podía creérmelo. ¡Tom convertido en un ladrón de negros!
-¡Bueno, vamos! -dije-. Estás de broma.
-De broma, nada.
-Bueno, pues -dije yo-, bromas o no, si oyes decir algo de un negro fugitivo no olvides que tú no sabes nada de él y yo tampoco.
Entonces él sacó su baúl y lo puso en mi carreta, y se marchó por su camino y yo por el mío. Pero, naturalmente, se me olvidó que tenía que ir despacio de lo contento y lo lleno de ideas que estaba, así que llegué a casa demasiado temprano para un viaje tan largo. El viejo estaba en la puerta y dice:
-¡Hombre, qué maravilla! ¡Quién habría pensado que esa yegua era capaz de correr tanto! Ojalá le hubiéramos tomado el tiempo. Y no ha sudado ni una gota, ni un gota. Es una maravilla. Hombre, ahora no aceptaría ni cien dólares por esa yegua, de verdad que no, y sin embargo antes la habría vendido por quince y me habría quedado tan contento.
No dijo nada más. Era la persona más inocente y más buena que he visto en mi vida. Pero no era de sorprender, porque no sólo era agricultor, sino también predicador, y tenía una iglesita de troncos en la trasera de la plantación que había construido él de su propio bolsillo para que sirviera de iglesia y de escuela, y nunca cobraba nada por predicar, y la verdad era que lo hacía muy bien.


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