Las aventuras de Huckleberry Finn (Mark Twain) - pág.108
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Luego se veía una balsa que se deslizaba a lo lejos, y a veces uno de los tipos de a bordo cortando leña, porque es lo que hacen casi siempre en las balsas y se ve cómo el hacha brilla y baja, pero no se oye nada; se ve que el hacha vuelve a subir y cuando ya ha llegado por encima de la cabeza del hombre entonces se oye el hachazo, que ha tardado todo ese rato en cruzar el agua. Y así pasábamos el día, haciendo el vago, escuchando el silencio. Una vez bajó una niebla densa y las balsas y todo lo que pasaba hacían ruido con sartenes para que los buques de vapor no las pasaran por alto. Una chalana o una balsa pasaban tan cerca que oíamos lo que decía la gente de a bordo, sus maldiciones y sus risas, los oíamos perfectamente, pero no veíamos ni señal de ellos; era una sensación muy rara, como si fuesen espíritus hablando en el aire. Jim dijo que creía que lo eran, pero yo dije:
-No; los espíritus no dirían: «Maldita sea la maldita niebla».
En cuanto era de noche nos echábamos al río; cuando llevábamos la balsa aproximadamente el centro ya no hacíamos nada y dejábamos que flotase hacia donde la llevase la corriente; después encendíamos las pipas y metíamos las piernas en el agua y hablábamos de todo tipo de cosas; siempre íbamos desnudos, de día y de noche, cuando nos dejaban los mosquitos; la ropa nueva que me había hecho la familia de Buck era demasiado buena para resultar cómoda; de todos modos, a mí tampoco me gustaba mucho andar vestido.
A veces teníamos el río entero para nosotros solos durante ratos larguísimos. A lo lejos se veían las riberas y las islas, al otro lado del agua, y a veces una chispa que era una vela en la ventana de una cabaña, y a veces en medio del agua se veía una chispa o dos: ya se sabe, una balsa o una chalana, y se podía oír un violín o una canción que llegaba de una de aquellas embarcaciones. Es maravilloso vivir en una balsa. Arriba teníamos el cielo, todo manchado de estrellas, y nos echábamos de espaldas, las mirábamos y discutíamos si alguien las había hecho o habían salido porque sí. Jim siempre decía que las habían hecho, pero yo sostenía que habían salido; rne parecía que llevaría demasiado tiempo hacer tantas.
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