El robo del elefante blanco (Mark Twain) - pág.12
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El detective Burke y yo llegamos diez minutos después, desde Norte, pero confundimos unas excavaciones con pisadas y perdimos por eso mucho tiempo; finalmente encontramos buena pista y la seguimos hasta bosques. Luego, apoyamos en tierra manos y rodillas y continuarnos vigilando atentamente huella y así la seguimos al internarse maleza. Burke se había adelantado. Desgraciadamente, animal se detuvo descansar; de modo que Burke, la cabeza inclinada, atento a huella, chocó con patas traseras elefante antes advertir su proximidad. Burke se puso de pie inmediatamente, aferró cola y gritó con júbilo «Reclamo la...» pero no dijo más, ya que un solo golpe enorme trompa redujo valiente detective a fragmentos. Huí hacia atrás y elefante se volvió y me siguió hacia borde bosque, a enorme velocidad y yo habría estado perdido sin poderlo remediar, de no haber intervenido nuevamente restos cortejo fúnebre, que atrajeron su atención pero esto no es gran pérdida, ya que sobra material para otro. Mientras tanto, elefante vuelto desaparecer.
MULROONEY, detective.
No recibimos más noticias que las enviadas por los diligentes y confiados detectives diseminados por Nueva Jersey, Pensilvania, Delaware y Virginia-que seguían nuevas y estimulantes pistas- hasta que, poco después de las 2 de la tarde, llegó este telegrama...
«Baxter Centre 2.15
El elefante estuvo aquí, cubierto cartelones circo y disolvió reunión religiosa, derribando y dañando a muchos que se disponían a pasar mejor vida. Los pobladores lo cercaron y establecieron guardia. Cuando llegamos Brown yo, penetramos cerco y procedimos identificar elefante por fotografía y señas. Todas coincidían excepto una, que no pudimos ver: cicatriz forúnculo bajo axila. Por cierto que Brown se arrastró debajo de él para mirar y elefante le aplastó cráneo..., mejor dicho, le aplastó y destruyó la cabeza, aunque nada salió del interior. Todos escaparon; lo mismo elefante, golpeando a diestra y siniestra con gran efecto. Animal escapó, pero dejó grandes rastros sangre a causa heridas causadas por balas cañón. El redescubrimiento seguro. Se dirigió al Sur, a través denso bosque.»
BRENT, detective.
Éste fue el último telegrama Al llegar la noche descendió una niebla tan espesa, que no podían verse las cosas que estaban a un metro de distancia. Esto duró toda la noche. Los ferryboats y hasta los autobuses tuvieron que dejar de circular.
III
Al otro día, los periódicos estaban llenos de teorías detectivescas como antes, También aparecieron con lujo de detalles todos nuestros trágicos acontecimientos y muchas cosas más que los periódicos recibieron de sus corresponsales por telégrafo.
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