Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > El hombre que corrompió Hadleyburg (Mark Twain)

El hombre que corrompió Hadleyburg (Mark Twain) - pág.44

Indice General | Volver

Página 44 de 45


-¡Lo he visto en una docena de rostros ala salida de la iglesia! -¡Ah! ¡Burgess no quiso contestar a nuestro saludo! -¡Él sabía qué había estado haciendo!
De noche llamaron al médico. Por la mañana se difundió la noticia de que la anciana pareja estaba enferma de cierta gravedad, postrada en cama debido ala agotadora excitación provocada por su golpe de suerte y por las repetidas felicitaciones, en opinión del médico. La ciudad estaba sinceramente acongojada, porque ahora la anciana pareja era casi lo único de lo que podía enorgullecerse.
A los dos días las noticias fueron peores aún. La` pareja deliraba y hacía cosas extrañas. Las enfermeras testimoniaron que Richards había exhibido cheques, por valor de -¿ocho mil quinientos dólares?
No..., por una suma sorprendente... -¡treinta y ocho mil quinientos dólares! -¿Cuál podría ser la explicación de aquella suerte gigantesca?
Al día siguiente las enfermeras ofrecieron noticias más extravagantes. Habían decidido esconder los cheques por temor a que sufrieran algún daño, pero, cuando los buscaron, habían desaparecido de debajo de la almohada de Richards. El anciano dijo:
-Dejen en paz la almohada.
-¿Qué quieren?
-Creímos preferible que los cheques...
-Ustedes nunca volverán a verlos... Han sido destruidos. Provenían de Satanás. Vi sobre ellos el sello del infierno y comprendí que me habían sido enviados para entregarme al pecado.
Luego Richards se puso a parlotear diciendo cosas extrañas y terribles que no podían comprenderse claramente y que el médico ordenó a las enfermeras no divulgaran.
Richards había dicho la verdad: los cheques no volvieron a aparecer.
Una de las enfermeras debió de hablar soñando, porque a los dos días la ciudad conocía las palabras prohibidas; y éstas eran de un carácter sorprendente.
Parecían indicar que también Richards había sido uno de los pretendientes al talego y que Burgess había ocultado el hecho, pero, más tarde, con maldad, le había traicionado.
Burgess fue acusado por esto y lo negó con mucha decisión. Y dijo que no era bueno dar peso a los delirios de un viejo enfermo, que no estaba en sus cabales. A pesar de todo, la sospecha se notaba en el ambiente y corrían muchas habladurías.
Después de un par de días se informó de que las delirantes expresiones de la señora Richards se estafan convirtiendo en copias exactas de las palabras de su marido.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 >>>


Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados