El hombre que corrompió Hadleyburg (Mark Twain) - pág.43
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Y dio la casualidad de que vieran fugazmente al señor Hurgess al doblar éste una esquina. -¡El reverendo no prestó atención a su saludo! No los había visto, pero ellos lo desconocían. -¿Qué podía significar la conducta de Burgess? Podía significar... podía significar... ;Oh! Una docena de cosas terribles. -¿Sabría Burgess que Richards podía haber probado su inocencia, m esa época lejana, y habría estado es pecando silenciosamente la oportunidad de ajustar cuentas Ya en casa, llenos de congoja, se pusieron a imaginar que la criada quizá había escuchado en el cuarto contiguo que Richards revelaba a su esposa la inocencia de Burgess. Luego Richards empezó a creer que había oído crujir un vestido en aquel cuarto y, finalmente, tuvo la convicción de haberlo oído. Resolvieron llamar a Sara, con un pretexto; si les había delatado al señor Burgess, se darían cuenta por su empacho. Le formularon varias preguntas, preguntas tan fortuitas e incoherentes y aparente mente carentes de sentido, que la muchacha tuvo la certeza de que los cerebros de ambos ancianos habían sido afectados por su repentina fortuna; el modo de mirar penetrante y escrutador de sus se ñores la asustó, y esto remató el asunto. Saya se sonrojó, se puso nerviosa y confusa y para los ancianos éstas fueron claras señales de culpabilidad, culpabilidad de una u otra especie terrible, y llegaron a la conclusión de que, sin duda, Sara era una espía y una traidora. Cuando volvieron a quedarse solos, comenzaron a relacionar muchas cosas inconexas, y los resultados de la combinación fueron terribles. Y, e cuando las cosas hubieron asumido el más grave cariz, Richards exhaló un repentino suspiro, y su es posa preguntó:
-¡Oh! -¿Qué pasa? -¿Qué pasa? -¡ -¡La carta! -¡La carta de Burgess! Su lenguaje, ahora me doy cuenta, era sarcástico.
Y citó una frase: , .. En el fondo, usted no puede respetarme, rabien ;,l´ do, como sabe, ese ayunto, del que se me acusa. Y Richards añadió:
-¡Oh, todo está muy claro! -¡Dios mío! -¡Burgess sabe que yo sé! Ya ves la ingeniosidad de la frase.
Era una trampa... y yo caí en ella como un tonto. Y además, Mary...
-Ah... -¡Es espantoso! -¡Sé que vas a decir...! Burgess no nos ha devuelto el sobre con la famosa frase.
-No la conserva para destruirnos. Mary, ya ha revelado nuestro secreto a algunos. Lo sé... Lo sé muy bien.
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