El hombre que corrompió Hadleyburg (Mark Twain) - pág.36
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Sugiero que se adelante en nombre de sus compañeros y reciba en fideicomiso el dinero.
UN CENTENAR DE voces: -¡Wilson! -¡Wilson! -¡Wilson!
-¡Que hable! -¡Que hable! Wilson (con voz trémula de ira): Permítanme que diga, sin pedir excusas por mi lenguaje: ,Maldito sea el dinero!» UNA VOZ: -¡Oh! -¡Y es baptista!
OTRA VOZ: -¡Quedan diecisiete Símbolos! -¡Adelante, caballeros, y háganse cargo del fideicomiso!
Hubo una pausa sin respuesta.
GUARNICIONERO: Señor presidente, nos queda una hombre limpio de la difunta aristocracia; ese hombre necesita dinero y lo merece. Propongo que se de signe a Jack Halliday para que suba al estrado y ponga a subasta ese talego de piezas doradas de veinte dólares y le dé el resultado al hombre que lo mere ce, al hombre a quien Hadleyburg se complace en honrar: Edward Richards.
Esto fue acogido con gran entusiasmo, con nueva intervención del perro. E1 guarnicionero inició la puja con un dólar, la gente de Brixton y el re presentante de Barnum pujaron con fuerza, la gen te vitoreó a cada salto que daban las apuestas; la excitación creció cada vez más; el brío de los interesados fue en aumento y se volvió cada vez más audaz; los saltos llevaron de un dólar a cinco, luego, a diez, luego, a veinte, luego, a cincuenta, luego, a cien, luego. A1 empezar la subasta, Richards le susurró acongojado a su esposa:
-¡Mary! -¿Podemos permitir esto? Es... es... ya lo ves, una recompensa a la honradez, un testimonio de honestidad de ánimo y... y... -¿podemos permitirlo? -¿No será mejor que me ponga en pie y... -¡Oh Mary! -¿Qué debemos hacer? -¿Qué crees que?... [LA voz DE Halliday: -¡Dan quince! -¡Quince por el talego!... -¡Veinte!... -¡Ah, gracias! -¡Treinta!,.. -¡Gracias! -¡Treinta, treinta, treinta! ;E le oído decir cuarenta? -¡Cuarenta! -¡Hagan rodar la bola, caballeros, háganla rodar! -¡Cincuenta! -¡Gracias, noble romano! -¡Vamos, cincuenta, cincuenta, cincuenta! -¡Setenta! -¡Noventa! -¡Espléndido! -¡Cien! -¡Quién da más, quién da más! -¡Ciento veinte! -¡Ciento cuarenta! -¡A tiempo! -¡Ciento cincuenta! -¡Doscientos! -¡Soberbio! -¿He oído dos...? -¡Gracias! -¡Doscientos cincuenta!»] _Es otra tentación, Edward... Estoy temblando... Pero... -¡Oh! Hemos escapado a otra tentación, y eso debería ponernos en guardia para... [-¿He oído seiscientos? -¡Gracias! Seiscientos cincuenta, seiscientos cin... -¡Setecientos]. Y, con todo, Edward, si se piensa... nadie sospecha... [«-¡Ochocientos dólares! -¡Hurra! -¡Digamos novecientos! -¿Le he oído bien, señor Parsons?... -¡Gracias! -¡Novecientos! -¡Este noble talego de plomo puro que se va por sólo novecientos dólares, con dorado y todo!.
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