El hombre que corrompió Hadleyburg (Mark Twain) - pág.35
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Ustedes eran presa fácil. Tenían una antigua y elevada reputación de honradez y, naturalmente, se enorgullecían de ella: la honradez era el tesoro de los tesoros, la niña de sus ojos. Apenas hube descubierto que se mantenían ciudadosa y atentamente y mantenían a sus hijos al margen de la tentación, supe cómo debía proceder. -¿No comprenden ustedes, seres simplones, que la más débil de todas las cosas débiles es la virtud que no ha sido probada por el fuego? Esbocé un plan y reuní una lista de nombres. Mi proyecto consistía en corromper a Hadleyburg la incorruptible. Mi intención era convertir en mentirosos y ladrones a cerca del medio centenar de hombres y mujeres intachables, que jamás profirieran una mentira ni rogaran un penique en su vida. Temí a Goodson. Éste no había nacido en Hadleyhurg ni se había criado en esa ciudad. ´temí que, si empezaba a ejecutar mi plan exponiendo mi carta ante ustedes, se diría: Goodson es el único de nosotros que hubiera sido capaz de darle veinte dólares a un pobre diablo» y que, entonces, no habrían mordido mi cebo. Pero el cielo se lleve a Goodson, entonces comprendí que yo estaba a salvo y eché mi caña y puse el cebo. Quizá no atrapara a todos los hombres a quienes envié por correo el presunto secreto, pero atraparía a la mayoría de ellos, si conocía el temperamento de Hadleyburg. [VOCES: «Es exacto. Los atrapó a todos.»). Estoy convencido de que, por miedo de perderlo, llegaríais a robar hasta lo que es con toda evidencia .dinero de juego», vosotros, pobres víctimas de una educación equivocada y de la tentación. Confío en aplastar para siempre vuestra vanidad y en darle a Hadleyburg una nueva reputación, esta vez duradera, y que llegará lejos. -Si he obtenido éxito, abran c talego y convoquen a la comisión para la propagación y salvaguarda de la reputación de Hadleyburg».
UN CICLON DE VOCES: -¡Ábranlo!... -¡Ábranlo! -¡Que se adelanten los dieciocho! -¡La comisión para la propagación de la tradición! -¡Que se adelanten los incorruptibles!
El presidente abrió el talego, lo vació, recogió un puñado de relucientes monedas anchas, amarillas; las juntó, luego las examinó.
-¡Amigas, no son más que discos de plomo dorados!
Hubo un estruendoso estallido de satisfacción al oír la noticia, y, cuando se hubo acallado el alboroto, el curtidor exclamó:
-Por derecho de aparente prioridad en el asunto el seno-¡ Wilson es presidente de la comisión para la propagación de la tradición.
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