El hombre que corrompió Hadleyburg (Mark Twain) - pág.25
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PRESIDENTE: -¡Orden, caballeros! -¡Orden! Les ruego que se sienten.
Los dos autores de los escritos obedecieron, meneando la cabeza y gruñendo irritados. El público estaba profundamente intrigado; no sabía cómo explicarse aquel curioso suceso. Al poco rato se puso de pie Thompson. Thompson era el sombrerero. Le habría gustado ser uno de los diecinueve ciudadanos importantes, pero tal destino no era para él. Sus existencias de sombreros no bastaban para asegurarle semejante posición. Y dijo:
-Señor presidente, permítaseme, una sugerencia... ;No podrían estar en lo cierto ambos caballeros? Le sugiero esto... -¿No podrían ambos haberle dicho casualmente las mismísimas palabras al forastero?
Me parece que el curtidor se puso de pie y le interrumpió. El curtidor era un hombre amargado; se creía con méritos para figurar entre los diecinueve importantes, pero no podía conseguir que se lo reconocieran, lo que le hacía algo desagradable en sus modales y en su manera de hablar. Dijo:
-¡Vamos, no se trata de eso! Eso puede ocurrir dos veces en cien años, pero no lo otro. -¡Ninguno de los clon clip los veinte dólares!
Un estallido de aplausos.
Billson: -¡Yo los di!
Wilson: -¡Yo los di!
Luego se acusaron mutuamente de robo.
PRESIDENTE: -¡Orden! Les ruego que se sienten. Ninguno de los sobres ha estado fuera de mis bolsillos ni un momento. UNA voz: Entonces... -¡Eso lo soluciona todo!
CURTIDOR: Señor presidente, hay algo muy evidente: uno de esos hombres ha estado fisgando bajo la cama del otro y robando secretos de familia. -Si la insinuación es poco democrática, haré notar que ambos son capaces de ello. [PRESIDENTE: -¡Orden! -¡Orden!»] Retiro la insinuación, señor, y me limitaré a sugerir que, si uno de ellos ha oído por casualidad al otro mientras revelaba a su mujer la famosa frase, podemos descubrirlo ahora.
UNA VOZ: -¿Cómo?
CURTIDOR: Fácilmente. Ninguno de los dos ha citado la frase con palabras exactamente iguales. Ustedes lo habrían notado, si no hubiera mediado un inconsiderable espacio de tiempo y una excitante pelea entre ambas lecturas.
UNA VOZ: Diga la diferencia.
CURTIDOR: La palabra mucho está en la carta de Billson y no figura en la otra.
MUCHAS VOCES: Así es -¡Tiene razón!
CURTIDOR: Y por lo tanto, si la presidencia con ,´siente examinar la indicación encerrada en el talego, sabremos cuál de estos dos impostores (PRESIDENTE: «-¡Orden! -¡Orden!»].
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