Juegos tradicionales, entretenimientos e información

    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia | Diccionario | E-Commerce | Chat

  Secciones > Libros Clásicos > El hombre que corrompió Hadleyburg (Mark Twain)

El hombre que corrompió Hadleyburg (Mark Twain) - pág.22

Indice General | Volver

Página 22 de 45



Una minoría de diez o nueve parejas lo contemplaba con ternura, amorosamente, con ojos de dueños, y la mitad masculina de esa minoría ensayaba los conmovedores discursitos de gratitud que poco después, de pie, pronunciarían en respuesta a los aplausos y felicitaciones del público. De vez en cuando uno de ellos extraía del bolsillo del chaleco un trocito de papel y le echaba un vistazo a hurtadillas para refrescar la memoria.
Naturalmente se oía un murmullo de conversación; como sucede siempre en estas ocasiones. Finalmente, cuando el reverendo Burgess se puso en pie y apoyó la mano en el talego, se habría podido oír el roer de sus microbios, tal era el silencio reinante. Burgess narró la curiosa historia del talego, luego prosiguió hablando con calurosas palabras de la antigua y bien ganada reputación de Hadleyburg por su intachable honradez y por el legítimo orgullo que los habitantes sentían por esta reputación. Dijo que dicha fama era un tesoro de inestimable valor, que, merced a la Providencia, ese valor se había acrecentado ahora considerablemente, ya que el nuevo suceso había difundido su fama por todas partes y atraído así los ojos del mundo americano sobre la ciudad y convertido el nombre de Hadleyburg, para siempre así lo esperaba y creía en sinónimo de incorruptibilidad comercial [Aplausos].
-¿Y quién ha de ser el guardián de este noble tesoro? -¿Toda la comunidad? -¡No! La responsabilidad es individual, no colectiva. A partir de hoy cada uno de ustedes, en su propia persona, es su guardián especial, y es individualmente responsable de que ese tesoro no sufra menoscabo alguno. -¿Aceptarán ustedes, acepta cada uno de ustedes, esa gran misión? [Tumultuso asentimiento]. Entonces, bien. Transmítanla a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Hoy la honradez de ustedes está por encima de todo reproche: cuiden de que siga estándolo. Hoy no hay en esta comunidad una sola persona que pueda ser empujada a tocar un penique ajeno: cuiden de mantenerse siempre en ese estado de gracia. [«-¡Cuidaremos de ello, ¡Cuidaremos de ello!»] Ésta no es la ocasión indicada paro establecer comparaciones entre nosotros y las demás ciudades, algunas poco amables con nosotros. Islas tienen sus costumbres y nosotros, las nuestras. Démonos por satisfechos. [Aplausos] He terminado. Tajo mi mano, amigos míos, reposa el elocuente reconocimiento de lo que significamos, hecho por un Forastero: merced a su intervención, el mundo sabrá siempre lo que somos.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 >>>


Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio
Shop
Chat

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Cursos Gratis
Biografías


Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z


Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  

Contáctenos | Cómo publicitar | Términos y condiciones
Copyright ©1999-2008 Acanomas Networks. Todos los derechos reservados