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El hombre que corrompió Hadleyburg (Mark Twain) - pág.20

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En algunos casos las suposiciones quedaban en situación de dudosas; en otros, resultaban equivocadas. Por fin Halliday se dijo: Sea como fuere, es evidente que diecinueve familias de Hadleyburg están provisionalmente en el paraíso. No sé cómo ha ocurrido, sólo sé que la Providencia está hoy de vacaciones».
Un arquitecto y constructor del Estado contiguo se había aventurado a instalar una pequeña empresa en aquella localidad poco prometedora y su placa estaba colgada ya desde hacía una semana, pero no se había hecho vivo ni un cliente: el arquitecto estala desanimado y lamentaba haber venido. Pero su humor cambió súbitamente. Una tras otra le visitaron las esposas de los ciudadanos importantes y le dijeron:
-Venga a mi casa el lunes, pero no hable del asunto por ahora. Tenemos la intención de construir.
El arquitecto recibió ese día once invitaciones. Por la noche le escribió a su hija ordenándole que rompiese su noviazgo con el estudiante. Le dijo que se` podría casar con un mejor partido.
Pinkerton, el banquero; y otros dos o tres hombres acomodados pensaban construir casas de campo..., pero esperaban. Los hombres de esa clase no cuentan sus pollos antes de que estén incubados.
Los Wilson planearon una grandiosa novedad: un baile de mascaras. No hicieron promesas concretas, sino que les dijeron confidencialmente a sus amistades que se lo estaban pensando y que seguramente lo harían, ..y, si lo hacemos, usted cero invitado, desde luego». La gente se mostraba sorprendida y se decía: Esos pobres Wilson están locos. No pueden permitírselo, Algunas de las diecinueve esposas les dijeron en privado a sus maridos: «La idea es buena; esperaremos a que hayan dado ese baile de pacotilla y luego nosotros daremos otro que causará vértigo...
Los días pasaron y la cuenta de los futuros derroches cada vez más, con creciente desenfreno, con aturdimiento y temeridad cada vez mayores. Parecía que los diecinueve ciudadanos importantes de Hadleyburg no sólo gastarían sus cuarenta mil dólares antes de cobrarlos, sino que estarían completamente endeudados cuando fueran a cobrarlos. En algunos casos la gente ligera de cascos no se conformaba con los proyectos de gastos, sino que realmente gastaba... a crédito. Compraba tierras, granjas, títulos, buena ropa, caballos y otras cosas; pagaba al contado la señal... y se comprometía a pagar el resto a los diez días. Luego vino la segunda fase, y Halliday advirtió que una horrible ansiedad comentaba a hacer su aparición en muchos rostros.


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