El hombre que corrompió Hadleyburg (Mark Twain) - pág.18
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Como cuando lo salvaba de morir ahogado, por ejemplo. En ese caso Richards arrastraba a Goodson hasta la orilla en estado de inconsciencia, mientras una multitud miraba y aplaudía, pero, cuando ya lo había pensado todo y estaba empezando a recordarlo, aparecía un conjunto de detalles insalvables: toda la ciudad tendría conocimiento del hecho, también lo tendría que saber Mary y él mismo debía recordarlo muy bien, en lugar de ser un insignificante favor que le había hecho "posiblemente sin saber su verdadero valor". Y, en este punto, Richards recordó que, además, él no sabía nadar.
Ah... había un punto que se le había pasado por alto desde el principio: debía haber un favor que le había hecho "posiblemente sin saber su verdadero valor". Esto habría limitado las investigaciones. Y así, precisamente con esto, poco a poco, encontró el hilo del asunto. Goodson, muchos años antes, había estado a punto de casarse con una dulce y linda muchacha llamada Nancy Hewitt, pero sin saber muy bien por qué el noviazgo se había roto. La muchacha murió; Goodson siguió siendo soltero y poco a poco se convirtió en un hombre amargado, que despreciaba abiertamente al género humano. Poco después de morir Nancy, la ciudad descubrió o creyó descubrir que aquélla había tenido algo de sangre negra en las venas. Richards trabajó durante no poco tiempo con estos detalles y por fin, le pareció recordar cosas relativas a aquella historia, que se le habían perdido en la memoria. Le pareció recordar vagamente que era él quien había descubierto lo de la sangre negra, que era él quien se lo había dicho a la ciudad, que la ciudad le había comunicado a Goodson la fuente del hallazgo, que él había salvado así a Goodson de casarse con una muchacha de color, que él le había hecho aquel gran favor "sin saber su verdadero valor", pero que Goodson sabía su valor y que se bahía salvado a duras penas del peligro y por eso se había ido a la tumba agradecido a su benefactor y lamentando no poder dejarle un patrimonio. Todo resultaba ahora claro y simple, y cuanto más lo meditaba Richards, más claro y seguro se sentía. Finalmente, cuando se acurrucó para dormir satisfecho y feliz, recordó todo aquello como si hubiese ocurrido el día anterior. En realidad recordaba vagamente que Goodson le había expresado su gratitud en cierta ocasión. Mientras tanto Mary había invertí, do seis mil dólares en una casa nueva para sí y un par de pantuflas para su pastor, y luego se había quedado apaciblemente dormida.
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