El hombre que corrompió Hadleyburg (Mark Twain) - pág.16
Indice General
|
Volver
Página 16 de 45
-No... No. En tu vida has dicho una mentira, pero ahora que los cimientos de las cosas parecen estar desmoronándose bajo nuestros pies, nosotros... nosotros...
Por un momento la señora Richards se quedó sin voz y luego dijo desfalleciendo:
-No nos dejes caer en la tentación... Creo que has hecho realmente esa promesa, Edward. Así sea. Dejemos el asunto. Ahora... todo eso ha pasado, volvamos a ser felices; no es hora de nubes.
A Edward le costó un gran esfuerzo complacerla, porque su espíritu no hacía sino vagar, tratando de recordar qué favor le había hecho a Goodson.
La pareja pasó despierta la mayor parte de la noche. Edward preocupado, pero no muy feliz. Mary haciendo proyectos sobre qué haría con el dinero. Edward trataba de recordar aquel favor.
Su conciencia se sentía atormentada por una pizca de amargura, pensando en la mentira que le había dicho a su mujer... si se trataba de una mentira. Y si se trataba de una mentira, -¿qué? -¿Era una cosa tan grave? Después de todo, -¿no nos comportamos quizá de forma mentirosa? Y entonces, -¿por qué no mentir? Mirad a Mary, por ejemplo; mientras él se apresuraba a hacer su acto de honradez, -¿qué estaba haciendo Mary? -¡Lamentarse de que los papeles no hubiesen sido destruidos y de no haberse quedado con el dinero! -¿Es acaso mejor robar que mentir?
Este punto perdió ahora su aguijón; la mentira pasó a un segundo plano, dejando tras sí el consuelo. Pero existía aún otro problema: -¿Había hecho él efectivamente ese favor? Estaba el testimonio del mismo Goodson, como se podía leer en la carta de Stephenson. No podía haber mejor testimonio: era hasta la prueba de que había hecho el favor. Desde luego. De modo que el punto quedaba resuelto. No, no del todo. Recordó con sobresalto que aquel desconocido señor Stephenson tenía alguna duda sobre si la persona que había hecho el favor era Richards o algún otro... y... -¡Dios mío! -¡Había dejado en sus manos una cuestión de honor! Él mismo tenía que decidir adónde debía ir a parar el dinero, y el señor Stephenson no dudaba de que, si él no era el hombre tascado, iría honestamente en busca del mismo. -¡Oh!, era terrible poner a un hombre en semejante situación. -¡Ah! -¿ Por qué habría expresado Stephenson aquella duda? -¿Por qué había querido aquella intromisión ?
< Anterior
|
Siguiente >
<<<
1
2
3
4
5
6
7
8
9
10
11
12
13
14
15
16
17
18
19
20
21
22
23
24
25
26
27
28
29
30
31
32
33
34
35
36
37
38
39
40
41
42
43
44
45
>>>
|