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El hombre que corrompió Hadleyburg (Mark Twain) - pág.10

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-Oh, sí, sé todo eso, pero, si lo hubieras pensado un poco, te habrías dado cuenta de que no podías encontrar al hombre, porque está en la tumba y no dejó ni parientes, ni hijos ni perros; y, visto que a fin de cuentas el dinero iría a parar a manos de alguien que tenía muchas necesidades y que no perjudicaría a nadie, y...
La señora Richards se echó a llorar. Su marido, buscando algo que pudiera consolarla, le dijo:
-Después de todo, Mary, quizá sea mejor así. -¡Vete a saber! Quizá todo estaba predestinado...
-¡Predestinado! Oh... Todo está predestinado cuando una persona se da cuenta de que ha sido estúpida. -Sí, estaba también predestinado que el dinero viniera a nuestras manos de esta forma especial y tú decidieras entrometerte en los planes de la Providencia... ,Quién te dio derecho a hacerlo? Algo malvado, eso es todo... Fue, simplemente, un engreimiento blasfemo que no le cuadraba ya a un modesto y humilde profesor de...
-Pero, Mary... Tú sabes qué educación nos han dado, como a todos los demás; ha llegado a ser en nosotros una segunda naturaleza el no pararnos ni un momento a pensar cuando hay que hacer algo honrado...
-Oh, ya !o se, ya lo sé... Ha sido un sempiterno adiestramiento, adiestramiento, más adiestramiento en materia de honradez..., de honradez escudada, desde la propia cuna, contra las tentaciones posibles y, por lo tanto, honradez artificial y débil como el agua al llegar la tentación, según hemos visto esta noche. Dios sabe que nunca tuve sombras de una viuda sobre mi petrificada e indestructible honradez hasta ahora; y ahora, bajo el impulso de la primera grande y auténtica tentación, Edward, yo..., yo, Edward, creo que la honradez de esta ciudad está tan podrida como la mía, tan podrida como la tuya. Se trata de una ciudad mezquina, cruel, avara, sin más virtud que esta honradez tan célebre y de que tanto se enorgullece. Por eso, Dios me ayude, creo que, si llega un día en que la honradez se ve sometida a una gran tentación, su fama se desplomará como un castillo de naipes. Ahora que me confieso me siento mejor: me he engañado y lo he hecho siempre sin darme cuenta. Que ningún hombre vuelva a llamarme honrada; no quiero serlo. Yo... Bueno, Mary..., yo pienso poco más o menos como tía.


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