El hombre que corrompió Hadleyburg (Mark Twain) - pág.9
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Se encontraron, jadeantes, al pie de la escalera de la imprenta: allí, bajo el resplandor de la luz artificial, se leyeron mutuamente sus rostros. Cox murmuró: Nadie sabe esto fuera de nosotros?
La susurrada respuesta fue
-¡Ni un alma..., palabra! -¡Ni un alma
-Si no es demasiado tarde para..
Ambos empezaron a subir por la escalera; en es
momento les alcanzó un chico, y Cox le preguntó: -¿Eres tú, Johnny? -Sí, señor. -No hace falto que envíes el correo de la mañana...
ni ningún correo. Espera mis órdenes. El correo ha sido despachado ya, señor. -¿Despachado? En esta palabra se percibía una indeleble decepción. -Sí, señor. El horario para Brixton y las otras
ciudades ha cambiado hoy, señor..., y he tenido que enviar el correo veinte minutos antes de lo habitual. Tuve que darme mucha prisa; si hubiera tardado dos minutos...
Los dos hombres se volvieron y se alejaron lentamente, sin esperar el resto. Ninguno habló durante diez minutos; luego Cox dijo con tono irritado:
-No comprendo por qué se apresuro usted tanto, Richards.
La respuesta fue bastante humilde:
-Me doy cuenta ahora, pero no sé por qué no me la di hasta que fue demasiado tarde. La próxima vez,
-¡Al diablo con la próxima vez! No volverá a presentarse en mil años.
Los amigos se separaron sin darse las buenas noches y se dirigieron a sus casas con arrastrado andar de hombres mortalmente heridos. Al llegar a sus hogares, sus esposas se levantaron de un salto con un ansioso: ¿Y qué?» Luego leyeron la respuesta en los ojos de sus maridos y se desplomaron sobre sus sillones, sin esperar a que se lo dijeran. En ambas casos siguió una discusión acalorada, algo nuevo; en otras ocasiones se había discutido, pero sin acaloramiento, sin malas palabras. Esa noche las discusiones parecían plagios la una de la otra. La señora Richards dijo:
-Si hubieses esperado un poco, Edward...; si lo hubieses pensado. Pero no... Tuviste que ir corriendo al periódico y divulgarlo por todas partes.
El papel decía que debía publicarse.
Eso no significa nada. También decía que podía hacerse una investigación privada, si lo preferías. -¿Es verdad o no?
-Sí, es verdad. Pero, cuando pensé en el revuelo que se produciría y en el honor que significaba pura Hadleyburg que un forastero depositase tanta confianza en ella.
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