El hombre que corrompió Hadleyburg (Mark Twain) - pág.6
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-Mary, Burgess no es un hombre malo
-Su esposa se sintió sorprendida
-¡Tonterías! exclamó
Burgess no es un hombre malo. Lo sé. Toda s
impopularidad viene de un solo hecho... que causó mucho alboroto. -¡Un solo hecho! -¡Como si ese hecho no fuese
suficiente! Suficiente, suficiente. Sólo que no era culpa suya. -¡Qué ocurrencia! -¿Que no fue culpa suya? -¿Cómo lo sabes? -Mary, te doy mi palabra... es inocente. -No puedo creerlo, no te creo. -¿Cómo lo sabes? -Es una confesión. Me avergüenza hacerla, pero la
liaré. Soy el único hombre que conocía su inocencia. Pude haberle salvado y... y... y... bueno, ya sabes que excitada estaba la ciudad. No tuve la valentía de hacerlo. Todos se habrían vuelto contra mí. Me sentí despreciable, tan despreciable... Pero no me atreví. No tuve la valentía necesaria para hacerlo.
Mary parecía turbada y calló durante un rato. Luego dijo, tartamudeando:
-Yo..., yo no creo que te hubiese convenido decir que... que... No se debe... desafiar a la opinión pública... Hay que estar muy atentos... muy...
El camino era difícil y la señora Richards se atrancó, pero al poco rato reanudo el recorrido.
-Fue una lástima, pero... No podíamos permitirnos eso, Edward... Es verdad que no podíamos. -¡Oh, yo no te habría dejado hacerlo de ninguna manera!
-habríamos perdido la buena opinión de tanta gente, Mary... Y además... y además...
-Lo que me preocupa ahora es saber qué piensa él de nosotros, Edward.
-¿Él? Él no sospecha ni siquiera que yo habría podido salvarlo.
-¡Ah! exclamó la esposa con tono de alivio. -¡Cuánto me alegra! Mientras no sepa que pudiste salvarlo, él... él... Bueno, eso está mucho mejor. Debí imaginar que Burgess no sabía nada, porque siempre se muestra muy cordial con nosotros por el apoyo que le dimos. La gente me lo ha reprochado más de una vez. Los Wilson, los Wilcox y los Harkness sienten un mezquino placer al decir: Vuestro amigo Burgess, porque salen que eso me irrita. Preferiría que Burgess no insistiese en su simpatía por nosotros. No sé por qué insiste.
-Puedo explicártelo. Se trata de otra confesión. Cuando el asunto aún estaba fresco y la ciudad quería liberarse de él, la conciencia me afligía tanto que no pude soportarlo y fui a verlo a escondidas y le conté todo. Por este motivo él se marchó de la ciudad hasta que pudo volver sin correr peligro.
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