El hombre que corrompió Hadleyburg (Mark Twain) - pág.4
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.. -¡Y qué fortuna para ese hombre bueno que dejó a la deriva su pan sobre las aguas!... -¡-Si hubiese sido mi marido el que lo hico! -¡Somos tan pobres!... -¡Viejos y pobres ... !»Luego, con un suspiro, pensó:
«Pero no ha sido mi Edward, él no ha dado veinte dólares a un desconocido. Es una lástima, por otra parte. Ahora lo entiendo .....
Y, estremeciéndose, concluyó sus reflexiones: ..Pero es el dinero del jugador.. -¡Las ganancias del pecado! No podríamos cogerlo. No podríamos tocarlo. No me gusta estar cerca de él; parece que me mancha. La señora Richards se sentó en un sillón más alejarlo...
Ojalá viniese Edward y se lo llevara al banco. En cualquier momento podría venir un ladrón. Es horrible estar aquí a solas con el dinero.»A las once llegó el señor Richards y, mientras su esposa le decía: «-¡Cuánto me alegro de que hayas ve i nido! , él manifestaba: Estoy cansado, cansadísimo. Es terrible ser pobre y tener que hacer estos viajes tan pesados a mi edad. Siempre en el molino, en el molino, en el molino .... por cuatro centavos..., esclavo de otro hombre, que está sentado tranquila _mente en su casa, en pantuflas, rico y cómodo..
-Lo siento mucho, Edward... Lo sabes muy bien. Pero consuélate. Tenemos nuestro sueldo, nuestra buena reputación.
-Sí, Mary. Y eso es lo fundamental. No hagas ´,caso de mis palabras: sólo ha sido un momento de irritación, y no significa nada. Dame un beso...
-Eso es. Se me ha pasado ya y no me quejo.
-¿Qué es eso?
-¿Qué hay en ese talego?
Entonces su esposa le contó el secreto. Esto aturdió a Richards durante un momento. Luego dijo:
-¿Eso pesa ciento sesenta libras? Pero Mary... -¡Entonces contiene cuarenta mil dólares! -¡Imagínate! -¡Una fortuna! No hay diez hombres en esta ciudad que tengan tanto. Dame el papel.
Lo examinó superficialmente y dijo:
-¡Qué aventura! En realidad parece una novela: una de las cosas imposibles que se leen en los libros y nunca suceden en la vicia real.
Ahora se sentía excitado, lleno de animación, hasta alegre. Le dio a su vieja esposa una palmadita en la mejilla y dijo jovialmente:
Somos ricos, Mary... Bastara con que enterremos el dinero y quememos los papeles. -Si algún día viene el jugador para enterarse, nos limitaremos a mirarlo con frialdad y le diremos: «-¿Qué tontería nos está diciendo? Nunca hemos oído hablar de usted ni de su talego de oro.
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