El hombre que corrompió Hadleyburg (Mark Twain) - pág.3
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En realidad, por dos grandes, favores. Me explicaré. Yo era ten jugador empedernido. Digo que era. Un jugador arruinado. Una noche llegué a esta cuidad hambriento y sin un penique. Pedí ayuda en la oscuridad; me avergonzaba mendigar a la luz del día. Pedí ayuda al hombre adecuado: aquel hombre me dio veinte dólares, mejor dicho, la vida, así lo entendí yo. También me dio la fortuna: porque merced a ese dinero me volví rico en la mesa de juego. Y, finalmente, una observación que me hizo no me }ha abandonado desde entonces y, en definitiva, me ha dominado; y, al dominarme, ha salvado loque quedaba de mi moral: no volverte a jugar. Ahora bien... No tengo la menor idea de quién era ese hombre, pero quiero encontrarlo y darle este dinero para que lo tire, se lo gaste o se lo guarde, como prefiera. Ésta es, simplemente, mi manera de demostrarle mi gratitud. -Si pudiese quedarme, lo buscaría yo mismo; pero no importa, aparecerá. Ésta es una ciudad honrada, una ciudad incorruptible, y sé que mi confianza encontrará una respuesta. Ese hombre puede ser identificado por la observación que me hizo; estoy seguro de que él la recordará. f Y, ahora, mi plan es éste. si usted prefiere realizar la investigación deforma privada, hágalo.
Cuente el contenido de este papel a cuantos tengan apariencia de ser el hombre buscado. -Si contesta: no soy el hombre: la observación que hice fue así y asía, use la discreción, o sea, abra el talego y encontrará un sobre lacrado que contiene el texto de la frase. -Si la observación mencionada por el candidato coincide con ésta, déle el dinero y no le boga más preguntas, porque se trata sin duda del .hombre buscado.
Pero, si prefiere una investigación pública, publique el contenido de este papel en el periódico local, añadiendo las siguientes instrucciones: En el plazo de treinta días el candidato deberá comparecer en el ayuntamiento a las ocho de la noche (el viernes, entregar su, frase, en sobre cerrado, al reverendo Burgess (si éste tiene la bondad de intervenir); entonces el reverendo Burgess romperá el sobre lacrado que hay en el talego, lo abrirá y comprobará si la frase es correcta. -Si lo es, deberá entregársele el dinero, con mi sincera gratitud, u mi benefactor, así identificado.
La senora Richards se echó a reír con un dulce temblor de excitación y pronto se quedó embelesarla en sus pensamientos, pensamientos de este tipo: «-¡Qué extraño es todo!.
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