La Vuelta de Martín Fierro (José Hernández) - pág.45
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745
Ustedes creerán tal vez
que el viejo se curaría...
No, señores, lo que hacía,
con mas cuidao dende entonces,
era maniarlas de día
para cerdiar a la noche.
746
Ese jué el hombre que estuvo
encargao de mi destino;
siempre anduvo en mal camino,
y todo aquel vecindario
decía que era un perdulario,
insufrible de dañino.
747
Cuando el juez me lo nombró,
al dármelo de tutor,
me dijo que era un señor
el que me debía cuidar,
enseñarme a trabajar
y darme la educación.
748
¡Pero que había de aprender
al lao de ese viejo paco!;
que vivía como un chuncaco
en los bañaos, como el tero;
un haragán, un ratero,
y más chillón que un varraco.
749
Tampoco tenía más bienes
ni propiedad conocida
que una carreta podrida,
y las paredes sin techo
de un rancho medio deshecho
que le servía de guarida.
750
Después de las trasnochadas
allí venía a descansar;
yo desiaba aviriguar
lo que tuviera escondido,
pero nunca había podido,
pues no me dejaba entrar.
751
Yo tenía unas jergas viejas,
que habian sido mas peludas;
y con mis carnes desnudas,
el viejo, que era una fiera,
me hechaba a dormir ajuera
con unas heladas crudas.
752
Cuando mozo jué casao,
aunque yo lo desconfío,
y decía un amigo mío
que, de arrebatao y malo,
mató a su mujer de un palo
porque le dió un mate frío.
753
Y viudo por tal motivo
nunca se volvió a casar;
no era fácil encontrar
ninguna que lo quisiera:
todas temerían llevar
la suerte de la primera.
754
Soñaba siempre con ella,
sin duda por su delito,
y decía el viejo maldito,
el tiempo que estuvo enfermo,
que ella dende el mesmo infierno
lo estaba llamando a gritos.
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