La Vuelta de Martín Fierro (José Hernández) - pág.31
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asina esos animales
es cuanto se puede ver.
630
En el caballo de un pampa
no hay peligro de rodar,
¡jue pucha!, y pa disparar
es pingo que no se cansa;
con prolijidad lo amansa
sin dejarlo corcoviar.
631
Pa quitarle las cosquillas
con cuidao lo manosea;
horas enteras emplea,
y, por fin, sólo lo deja
cuando agacha las orejas
y ya el potro ni cocea.
632
Jamás le sacude un golpe,
porque lo trata al bagual
con paciencia sin igual
-al domarlo no le pega-,
hasta que al fin se le entrega
ya dócil el animal.
633
Y aunque yo sobre los bastos
me sé sacudir el polvo,
a esa costumbre me amoldo:
con pacencia lo manejan
y al día siguiente lo dejan
rienda arriba junto al toldo.
634
Ansí todo el que procure
tener un pingo modelo,
lo ha de cuidar con desvelo
y debe impedir también
el que de golpes le den
o tironeen en el suelo.
635
Muchos quieren dominarlo
con el rigor y el azote,
y, si ven al chafalote
que tiene trazas de malo,
lo embraman en algún palo
hasta que se descogote.
636
Todos se vuelven pretestos
y güeltas para ensillarlo;
dicen que es por quebrantarlo,
mas compriende cualquier bobo
que es de miedo del corcovo,
y no quieren confesarlo.
637
El animal yeguarizo
-perdónenme esta alvertencia-
es de mucha conocencia
y tiene mucho sentido;
es animal consentido:
lo cautiva la pacencia.
538
Aventaja a los demás
el que estas cosas entienda;
es bueno que el hombre aprienda,
pues hay pocos domadores
y muchos frangoyadores
que andan de bozal y, rienda.
639
Me vine, como les digo,
trayendo esa compañera;
marchamos la noche entera,
haciendo nuestro camino,
sin más rumbo que el destino
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