La Vuelta de Martín Fierro (José Hernández) - pág.27
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Peligro era atropellar
y era peligro el juir,
y más peligro seguir
esperando de ese modo,
pues otros podían venir
y carniarme allí entre todos.
591
A juerza de precaución
muchas veces he salvado,
pues es un trance apurado
es mortal cualquier descuido;
si Cruz hubiera vivido
no habría tenido cuidado.
592
Un hombre junto con otro
en valor y en juerza crece;
el temor desaparece;
escapa de cualquier trampa;
entre dos, no digo a un pampa,
a la tribu, si se ofrece.
593
En tamaña incertidumbre,
en trance tan apurado,
no podía por de contado
escarparme de otra suerte,
sino dando al indio muerte
o quedando alli estirado.
594
Y como el tiempo pasaba
y aquel asunto me urgía,
viendo que él no se movía
me juí medio de soslayo
como a agarrarle el caballo,
a ver si se me venía.
595
Ansí jué, no aguardó más
y me atropelló el salvaje;
es preciso que se ataje
quien con el indio pelee;
el miedo de verse a pie
aumentaba su coraje.
596
En la dentrada no más
me largó un par de bolazos;
uno me tocó en un brazo;
si me da bien, me lo quiebra,
pues las bolas son de piedra
y vienen como balazo.
597
A la primer puñalada
el pampa se hizo un ovillo;
era el salvaje mas pillo
que he visto en mis correrías,
y, a más de las picardías,
arisco para el cuchillo.
598
Las bolas las manejaba
aquel bruto con destreza;
las recogía con presteza
y me las volvía a largar,
haciéndomelas silbar
arriba de la cabeza.
599
Aquel indio, como todos,
era cauteloso... ¡Ahijuna!
Ahí me valió la fortuna
de que peliando se apotra
me amenazaba con una
y me largaba con otra.
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