La Vuelta de Martín Fierro (José Hernández) - pág.24
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pues aquél es vandalaje
donde no se arregla nada
sino a lanza y puñalada,
a bolazos y coraje.
560
No preciso juramento,
deben creerle a Martín Fierro;
he visto en este destierro
a un salvaje que se irrita,
degollar a una chinita
y tirarsela a los perros.
561
He presenciado martirios,
he visto muchas crueldades,
crímenes y atrocidades
que el cristiano no imagina,
pues ni el indio ni la china
sabe lo que son piedades.
562
Quise curiosiar los llantos
que llegaban hasta mí;
al punto me dirigí
al lugar de ande venían:
¡Me horroriza todavía
el cuadro que descubrí!
563
Era una infeliz mujer
que estaba de sangre llena,
y como una madalena
lloraba con toda gana;
conocí que era cristiana
y esto me dió mayor pena.
564
Cauteloso me acerqué
a un indio que estaba al lao,
porque el pampa es desconfiao
siempre de todo cristiano,
y vi que tenía en la mano
el rebenque ensangrentao.
VIII
565
Mas tarde supe por ella,
de manera positiva,
que dentró una comitiva
de pampas a su partido,
mataron a su marido
y la llevaron cautiva.
566
En tan dura servidumbre
hacían dos años que estaba;
un hijito que llevaba
a su lado lo tenía.
La china la aborrecía
tratandola como esclava.
567
Deseaba para escaparse
hacer una tentativa,
pues a la infeliz cautiva
naides la va a redimir,
y allí tiene que sufrir
el tormento mientras viva.
568
Aquella china perversa,
dende el punto que llegó,
crueldá y orgullo mostró
porque el indio era valiente:
usaba un collar de dientes
de cristianos que él mató.
569
La mandaba a trabajar,
poniendo cerca a su hijito
tiritando y dando gritos,
por la mañana temprano,
atado de pies y manos
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