Martín Fierro (José Hernández) - pág.25
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con los ojos como ají
y empezó la pobre allí
a bramar como una loba.
Yo quise darle una soba
a ver si la hacía callar,
mas pude reflesionar
que era malo en aquel punto,
y por respeto al dijunto
no la quise castigar.
218
Limpié el facón en los pastos,
desaté mi redomón,
monté despacio y salí
al tranco pa el cañadón.
219
Después supe que al finao
ni siquiera lo velaron,
y retobao en un cuero,
sin rezarle lo enterraron.
220
Y dicen que dende entonces,
cuando es la noche serena
suele verse una luz mala
como de alma que anda en pena.
221
Yo tengo intención a veces,
para que no pene tanto,
de sacar de allí los güesos
y echarlos al camposanto.
VIII - El ser gaucho es un delito.
222
otra vez en un boliche
estaba haciendo la tarde;
cayó un gaucho que hacia alarde
de guapo y peliador;
a la llegada metió
el pingo hasta la ramada,
y yo sin decirle nada
me quedé en el mostrador.
223
Era un terne de aquel pago
que naides lo reprendía,
que sus enriedos tenía
con el señor comendante;
y como era protegido,
andaba muy entonao,
y a cualquier desgraciao
lo llevaba por delante.
224
¡Ah pobre! Si él mismo creiba
que la vida le sobraba;
ninguno diría que andaba
aguaitándolo la muerte.
Pero ansí pasa en el mundo,
es ansí la triste vida:
pa todos está escondida
la güena o la mala suerte.
225
Se tiró al suelo; al dentrar
le dio un empellón a un vasco,
y me alargó un medio frasco
diciendo: beba cuñao.
Por su hermana, contesté.
Que por la mía no hay cuidao.
226
¡Ah, gaucho!, Me respondió;
¿de que pago será crioyo?
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