Martín Fierro (José Hernández) - pág.24
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y un golpe le acomodé
con el porrón de ginebra.
204
Ahi nomás pegó el de hollín
mas gruñidos que un chanchito,
y pelando el envenao
me atropelló dando gritos.
205
Pegué un brinco y abrí cancha
diciéndoles: caballeros,
dejen venir ese toro.
Solo nací- solo muero.
206
El negro, después del golpe,
se había el poncho refalao
y dijo: vas a saber
si es solo o acompañado.
207
Y mientras se arremangó,
yo me saqué las espuelas,
pues malicié que aquel tío
no era de arriar con las riendas.
208
No hay cosa como el peligro
pa refrescar un mamao;
hasta la vista se aclara
por mucho que haiga chupao.
209
El negro me atropelló
como a quererme comer;
me hizo dos tiros seguidos
y los dos le abarajé.
210
Yo tenía un facón con s,
que era de lima de acero;
le hice un tiro, lo quitó
y vino ciego el moreno;
211
y en el medio de las aspas
un planazo le asenté,
que lo largué culebriando
lo mesmo que buscapié.
212
Le coloriaron las motas
con la sangre de la herida,
y volvió a venir jurioso
como una tigra parida.
213
Y ya me hizo relumbrar
por los ojos el cuchillo,
alcanzando con la punta
a cortarme en un carrillo.
214
Me hirvió la sangre en las venas
y me le afirmé al moreno,
dándole de punta y hacha
pa dejar un diablo menos.
215
Por fin en una topada
en el cuchillo lo alcé,
y como un saco de güesos
contra un cerco lo largué.
216
Tiró unas cuantas patadas
y ya cantó pal carnero:
nunca me puedo olvidar
de la agonía de aquel negro.
217
En esto la negra vino
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