Cuentos de la selva (Horacio Quiroga) - pág.12
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-¡Lindo día!... ¡Rica papa!... ¡Rico té con leche!... ¿Querés té con leche?. ..
El tigre enojadísimo al reconocer a aquel loro pelado que él creía haber
muerto, y que tenía otra vez lindísimas plumas, juró que esa vez no se
le escaparía, y de sus ojos brotaron dos rayos de ira cuando respondió
con su voz ronca:
-¡Acer-ca-te más! ¡Soy sor-do!
El loro voló a otra rama más próxima, siempre charlando:
-¡Rico, pan con leche! ... ¡ESTA AL PIE DE ESTE ARBOL ! ...
Al oír estas últimas palabras, el tigre,lanzó un rugido y se levantó de un
salto.
-¿Con quién estás hablando?- bramó-. ¿A quién le has dicho que estoy
al pie de este árbol?
-¡A nadie, a nadie!- gritó el loro-. "¡Buen día, Pedrito! ... ¡La pata, lorito!... "
Y seguía charlando y saltando de rama en rama, y acercándose. Pero
él había dicho: está al pie de este árbol para avisarle al hombre, que se
iba arrimando bien agachado y con la escopeta al hombro.
Y llegó un momento en que el loro no pudo acercarse más, porque si
no, caía en la boca del tigre, y entonces gritó:
-"¡Rica papa! ... " ¡ATENCION!
-¡Más cer-ca aun!- rugió el tigre, agachándose para saltar.
-¡Rico, té con leche!... ¡CUIDADO VA A SALTAR!
Y el tigre saltó, en efecto. Dio un enorme salto, que el loro evitó
lanzándose al mismo tiempo como una flecha en el aire. Pero también
en ese mismo instante el hombre, que tenía el cañón de la escopeta
recostado contra un tronco para hacer bien la puntería, apretó el gatillo,
y nueve balines del tamaño de un garbanzo cada uno entraron como
un rayo en el corazón del tigre, que lanzando un bramido que hizo
temblar el monte entero, cayó muerto.
Pero el loro, ¡qué gritos de alegría daba! ¡Estaba loco de contento,
porque se había vengado- ¡y bien vengado!- del feísimo animal que le
había sacado las plumas!
El hombre estaba también muy contento, porque matar a un tigre es
cosa difícil, y, además, tenía la piel para la estufa del comedor.
Cuando llegaron a la casa, todos supieron por qué Pedrito había
estado tanto tiempo oculto en el hueco del árbol y todos lo felicitaron
por la hazaña que había hecho.
Vivieron en adelante muy contentos. Pero el loro no se olvidaba de lo
que le había hecho el tigre, y todas las tardes, cuando entraba en el
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