Juegos tradicionales, entretenimientos e información
    Home | Juegos Online | Biblioteca | Libros Clásicos | Crucigramas | Ingenio | Enciclopedia Juegos | Contacto

  Secciones > Libros Clásicos > Cuentos de Amor de Locura y de Muerte (Horacio Quiroga)

 

Cuentos de Amor de Locura y de Muerte (Horacio Quiroga) - pág.2

Indice General | Volver

Página 2 de 128


deber de saludarlos, a lo que respondió el terceto con jovial
condescencia.

Este fué el principio de un idilio que duró tres meses, y al que Nébel
aportó cuanto de adoración cabía en su apasionada adolescencia.
Mientras continuó el corso, y en Concordia se prolonga hasta horas
increíbles, Nébel tendió incesantemente su brazo hacia adelante, tan
bien, que el puño de su camisa, desprendido, bailaba sobre la mano.

Al día siguiente se reprodujo la escena; y como esta vez el corso se
reanudaba de noche con batalla de flores, Nébel agotó en un cuarto de
hora cuatro inmensas canastas. Arrizabalaga y la señora se reían,
volviéndose a menudo, y la joven no apartaba casi sus ojos de Nébel.
Este echó una mirada de desesperación a sus canastas vacías; mas sobre
el almohadón del surrey quedaban aún uno, un pobre ramo de
siemprevivas y jazmines del país. Nébel saltó con él por sobre la
rueda del surrey, dislocóse casi un tobillo, y corriendo a la
victoria, jadeante, empapado en sudor y el entusiasmo a flor de ojos,
tendió el ramo a la joven. Ella buscó atolondradamente otro, pero no
lo tenía. Sus acompañantes se rían.

-¡Pero loca!-le dijo la madre, señalándole el pecho-¡ahí tienes
uno!

El carruaje arrancaba al trote. Nébel, que había descendido del
estribo, afligido, corrió y alcanzó el ramo que la joven le tendía,
con el cuerpo casi fuera del coche.

Nébel había llegado tres días atrás de Buenos Aires, donde concluía su
bachillerato. Había permanecido allá siete años, de modo que su
conocimiento de la sociedad actual de Concordia era mínimo. Debía
quedar aún quince días en su ciudad natal, disfrutados en pleno
sosiego de alma, si no de cuerpo; y he ahí que desde el segundo día
perdía toda su serenidad. Pero en cambio ¡qué encanto!

-¡Qué encanto!-se repetía pensando en aquel rayo de luz, flor y
carne femenina que había llegado a él desde el carruaje. Se reconocía
real y profundamente deslumbrado-y enamorado, desde luego.

¡Y si ella lo quisiera!... ¿Lo querría? Nébel, para dilucidarlo,
confiaba mucho más que en el ramo de su pecho, en la precipitación
aturdida con que la joven había buscado algo para darle. Evocaba
claramente el brillo de sus ojos cuando lo vió llegar corriendo, la
inquieta espectativa con que lo esperó, y-en otro orden, la morbidez
del joven pecho, al tenderle el ramo.


< Anterior  |  Siguiente >

<<< 1 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25 26 27 28 29 30 31 32 33 34 35 36 37 38 39 40 41 42 43 44 45 46 47 48 49 50 >>>

Páginas  1-50   51-100   101-128  



Menú
Home
Biblioteca
Juegos Online
Juegos Flash
Crucigramas
Libros Clásicos
Sopas de Letras
Ingenio

En esta sección

Juegos, Cursos y
Enciclopedias gratis

Canales de tv online en vivo hd Cursos Gratis
Psicología
Biografías

Diccionario : A - B - C - D - E - F - G - H - I - J - K - L - M - N - Ñ - O - P - Q - R - S - T - U - V - W - X - Y - Z



Home | Biblioteca | Juegos | Crucigramas
  Acanomas.com : El mundo de los Juegos Acerca de Acanomas.com  


Copyright ©1999-2015 Nuevarena.com Todos los derechos reservados