Odisea (Homero) - pág.75
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ganancias debidas al pillaje. No tienes traza de atleta.»
Y lo miró torvamente y le contestó el muy astuto Odiseo:
«¡Huésped! No has hablado bien y me pareces un insensato. Los dioses no han repartido de igual modo a todos sús ámables dones de hermosura, inteligencia y elocuencia. Un hombre es inferior por su aspecto, pero la divinidad lo corona con la hermosura de la palabra y todos miran hacia él complacidos. Les habla con firmeza y con suavidad respetuosa y sobresale entre los congregados, y lo contemplan como a un dios cuando anda por la ciudad.
«Otro, por el contrario, se parece a los inmortales en su porte, pero no lo corona la gracia cuando habla.
«Así tu aspecto es distinguido y ni un dios lo habría formado de otra guisa, mas de inteligencia eres necio. Me has movido el ánimo dentro del pecho al hablar inconvenientemente. No soy desconocedor de los juegos como tú aseguras, antes bién, creo que estaba entre los primeros mientras confiaba en mi juventud y mis brazos. Pero ahora estóy poseído por la adversidad y los dolores, pues he soportado mucho guerreando con los hombres y atravesando las dolorosas olas. Pero aun así, aunque haya padecido muchos males, probaré en los juegos : tu palabra ha mordido mi corazón y me has provocado al hablar.»
Dijo, y con su mismo vestido se levantó, tomó un disco mayor y más ancho y no poco más pesado que con el que solían competir entre sí los feacios. Le dio vueltas, lo lanzó de su pesada mano y la piedra resonó. Echáronse a tierra los feacios de largos remos, hombres ilustres por sus naves, por el ímpetu de la piedra, y ésta sobrevoló todas las señales al salir velozmente de su mano. Atenea le puso la señal tomando la forma de un
hombre, le dijo su palabra y lo llamó por su nombre:
«Incluso un ciego, forastero, distinguiría a tientas la señal, pues no está mezclada entre la multitud sino mucho más adelante; confía en esta prueba; ninguno de los feacios la alcanzará ni sobrepasará.»
Así habló, y se alegró el sufridor, el divino Odiseo gozoso porque había visto en la competición un compañero a su fa vor. Y entonces habló más suavemente a los feacios:
«Alcanzad esta señal, jóvenes; en breve lanzaré, creo yo, otra piedra tan lejos o aún más.
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