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Madame Bovery (Gustave Flaubert) - pág.34

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Página 34 de 298


A menudo
las internas se escapaban del estudio para ir a verla. Sabía de memoria canciones galantes
del siglo pasado, que cantaba a media voz, mientras le daba a la aguja. Contaba cuentos,
traía noticias, hacía los recados en la ciudad, y prestaba a las mayores, a escondidas,
alguna novela que llevaba siempre en los bolsillos de su delantal, y de la cual la buena
señorita devoraba largos capítulos en los descansos de su tarea. Sólo se trataba de amores,
de galanes, amadas, damas perseguidas que se desmayaban en pabellones solitarios,
mensajeros a quienes matan en todos los relevos, caballos reventados en todas las
páginas, bosques sombríos, vuelcos de corazón, juramentos, sollozos, lágrimas y besos,
barquillas a la luz de la luna, ruiseñores en los bosquecillos, señores bravos como leones,
suaves como corderos, virtuosos como no hay, siempre de punta en blanco y que lloran
como urnas funerarias. Durante seis meses, a los quince años, Emma se manchó las
manos en este polvo de los viejos gabinetes de lectura(5). Con Walter Scott, después, se
apasionó por los temas históricos, soñó con arcones, salas de guardias y trovadores.
Hubiera querido vivir en alguna vieja mansión, como aquellas castellanas de largo
corpiño, que, bajo el trébol de las ojivas, pasaban sus días con el codo apoyado en la
piedra y la barbilla en la mano, viendo llegar del fondo del campo a un caballero de
pluma blanca galopando sobre un caballo negro. En aquella época rindió culto a María
Estuardo y veneración entusiasta a las mujeres ilustres o desgraciadas: Juana de Arco,
Eloísa, Inés Sorel, la bella Ferronniere, y Clemencia Isaura para ella se destacaban como
cometas sobre la tenebrosa inmensidad de la historia, donde surgían de nuevo por todas
partes, pero más difuminados y sin ninguna relación entre sí, San Luis con su encina,
Bayardo moribundo, algunas ferocidades de Luis XI, un poco de San Bartolomé, el
penacho del Bearnés, y siempre el recuerdo de los platos pintados donde se ensalzaba a
Luis XIV(6).
5. Establecimiento comercial donde el público puede consultar o pedir en préstamo libros o periódicos.
6. Alusión a personajes de la historia de Francia: Inés Sorel, la «Dame de Beauté», favorita de Carlos
VII; la Belle Ferronnière, amante de Francisco I; Clémence Isaure, dama tolosana del siglo XIV; Bayardo,


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