Madame Bovery (Gustave Flaubert) - pág.22
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anticipado todo el asunto. Lo encontraba un poco alfeñique, y no era el yerno que habría
deseado; pero tenía fama de buena conducta, económico instruido, y, sin duda, no
regatearía mucho por la dote. Ahora bien como el tío Rouault iba a tener que vender
veintidós acres(4) de su hacienda, pues debía mucho al albañil, mucho al guarnicionero, y
había que cambiar el árbol del lagar, se dijo:
-Si me la pide, se la doy.
4. Acre, antigua medida agraria, equivalente a unas 52 áreas.
Por San Miguel, Carlos fue a pasar tres días a Les Bertaux. El último día transcurrió
como los anteriores, aplazando su declaración de cuarto en cuarto de hora. El tío Rouault
lo acompañó un trecho; iban por un camino hondo, estaban a punto de despedirse; era el
momento. Carlos se señaló como límite el recodo del seto, y por fin, cuando lo sobrepasó,
murmuró:
-Señor Rouault, quisiera decirle una cosa.
Se pararon. Carlos callaba.
-Pero ¡cuénteme su historia!, ¿se cree que no estoy ya enterado de todo? -dijo el tío
Rouault, riendo suavemente.
-Tío Rouault..., tío Rouault... -balbució Carlos.
-Yo no deseo otra cosa -continuó el granjero-. Aunque sin duda la niña piensa como yo,
habrá que pedirle su parecer. Bueno, váyase; yo me vuelvo a casa. Si es que sí, óigame
bien, no hace falta que vuelva, por la gente, y, además, a ella le impresionaría demasiado.
Pero, para que usted no se consuma de impaciencia, abriré de par en par el postigo de la
ventana contra la pared: usted podrá verlo mirando atrás, encaramándose sobre el seto.
Y se alejó.
Carlos ató su caballo a un árbol. Corrió a apostarse en el sendero; esperó. Pasó media
hora, después contó diecinueve minutos por su reloj. De pronto se produjo un ruido
contra la pared; se había abierto el postigo, la aldabilla temblaba todavía. Al día
siguiente, a las nueve, estaba en la granja. Emma se puso colorada cuando entró, pero, se
sostuvo, se esforzó por sonreír un poco. El tío Rouault abrazó a su futuro yerno. Se
pusieron a hablar de las cuestiones de intereses; por otra parte, tenían tiempo por delante,
puesto que no estaba bien que se celebrase la boda hasta que terminase el luto de Carlos;
es decir, hacia la primavera del año siguiente.
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